Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 741
https://doi.org/
10.69639/arandu.v13i2.2211
Protocolo de acompañamiento psicosocial en la intervención
de trastornos del neurodesarrollo: sistematización de
experiencias

Protocol for Psychosocial Support in the Treatment of Neurodevelopmental Disorders:
A Synthesis of Experiences

Salvador Uriel Martínez Marin

salvador.martinez@educacion.gob.ec

https://orcid.org/0000-0002-4464-7004

Ministerio de Educación, Deporte y Cultura

Ecuador Guayaquil

Ramon Emilio Champan Mariscal

ramon.champan@educacion.gob.ec

https://orcid.org/0009-0000-3983-4967

Ministerio de Educación, Deporte y Cultura

Ecuador Guayaquil

Andrés Abraham Espinoza Palomino

andres.espinozap@educacion.gob.ec

https://orcid.org/0009-0001-8678-4322

Ministerio de Educación, Deporte y Cultura

Ecuador Guayaquil

Shekinara Brigitte Lajones Gutiérrez

shekinara.lajones@aldeasinfantiles.org.ec

https://orcid.org/0009-0002-1967-9212

Aldeas Infantiles SOS Ecuador

Ecuador Guayaquil

Joffrey Fernando Orellana Valverde

joffrey.orellana@aldeasinfantiles.org.ec

https://orcid.org/0009-0002-8338-9092

Aldeas Infantiles SOS Ecuador

Ecuador Guayaquil

Artículo recibido:18 marzo 2026- Aceptado para publicación:20 abril 2026

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

Los trastornos del neurodesarrollo requieren intervenciones que trascienden el ámbito clínico,
siendo el acompañamiento psicosocial multidisciplinario un componente crítico para la
adaptación familiar. El estudio sistematizó experiencias de acompañamiento en dos centros de
atención ambulatoria del Ecuador (2022-2025) mediante un diseño cualitativo con doce
profesionales de cinco disciplinas (psicología, trabajo social, terapia ocupacional, neurología
pediátrica y fonoaudiología), utilizando relatos estructurados, entrevistas y sesiones grupales de
análisis. Emergió un protocolo de cuatro fases: evaluación multidimensional, psicoeducación
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 742
parental, articulación intersectorial y seguimiento continuo, con especificación de roles
disciplinares y mecanismos de coordinación interdisciplinaria. La rotación de personal y la falta
de tiempo para coordinación fueron identificadas como principales barreras. El protocolo ofrece
un ordenamiento descriptivo de prácticas multidisciplinarias existentes en el contexto
ecuatoriano, útil como referente para equipos con recursos limitados.

Palabras clave: Trastornos del neurodesarrollo, acompañamiento psicosocial, protocolo
multidisciplinario, sistematización de experiencias

ABSTRACT

Neurodevelopmental disorders require interventions that go beyond the clinical setting, with
multidisciplinary psychosocial support being a critical component of family adaptation. The study
systematized support experiences at two outpatient centers in Ecuador (20222025) using a
qualitative design involving twelve professionals from five disciplines (psychology, social work,
occupational therapy, pediatric neurology, and speech-language pathology), employing structured
narratives, interviews, and group analysis sessions. A four-phase protocol emerged:
multidimensional assessment, parental psychoeducation, intersectoral coordination, and
continuous follow-up, with specifications for disciplinary roles and mechanisms for
interdisciplinary coordination. Staff turnover and lack of time for coordination were identified as
the main barriers. The protocol offers a descriptive framework of existing multidisciplinary
practices in the Ecuadorian context, useful as a reference for teams with limited resources.

Keywords:
Neurodevelopmental disorders, psychosocial support, multidisciplinary
protocol, systematization of experiences

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licencia Creative Commons Atribution 4.0 International.
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INTRODUCCIÓN

Los trastornos del neurodesarrollo constituyen un grupo de condiciones de inicio
temprano caracterizadas por déficits en el desarrollo cognitivo, motor, lingüístico, social o
conductual
(Estupiñan et al., 2023), que generan limitaciones significativas en el funcionamiento
adaptativo del niño o adolescente y que requieren, en la mayoría de los casos, intervenciones
prolongadas y multidimensionales que trascienden el ámbito estrictamente clínico.

Entre estos trastornos, el trastorno del espectro autista, el trastorno por déficit de atención
con hiperactividad y la discapacidad intelectual concentran la mayor prevalencia en la población
pediátrica ecuatoriana
(Sharma et al., 2022), con estimaciones que, aunque fragmentarias por la
ausencia de registros unificados, sugieren que al menos el 5 % de la población infantil del país
presenta algún diagnóstico dentro de este espectro, cifra que se alinea con los promedios
reportados por la Organización Mundial de la Salud (2022)
(Agudelo et al., 2024; Bedoya y
Herrera, 2022)
.
En Ecuador, particularmente en sus zonas urbanas, las familias que reciben un
diagnóstico de trastorno del neurodesarrollo en sus hijos enfrentan una serie de barreras que
incluyen el acceso limitado a servicios de rehabilitación especializada (terapia ocupacional,
fonoaudiología, terapia conductual), la escasez de profesionales capacitados en el abordaje de
estas condiciones en el sistema público de salud, la desarticulación entre los ámbitos sanitario,
educativo y de protección social, así como la carga emocional y económica derivada de la
necesidad de cuidados permanentes y de la frecuente estigmatización social
(Barra et al., 2021).
Lo anterior ha llevado a que, en las últimas dos décadas, se haya consolidado un enfoque
de atención basado en equipos multidisciplinarios que integran la perspectiva médica,
psicológica, ocupacional, fonoaudiológica y social, bajo el entendido de que ningún profesional
aislado puede abordar la complejidad de los trastornos del neurodesarrollo
(Cárdenas et al., 2025;
M. Torres, 2024; Uriarte et al., 2022)
, aunque la evidencia sobre cómo organizar el trabajo
conjunto entre dichas disciplinas en contextos de recursos limitados sigue siendo escasa y
predominantemente prescriptiva.

En el sistema de salud ecuatoriano, la atención a niños y adolescentes con trastornos del
neurodesarrollo se organiza principalmente en dos niveles: los hospitales pediátricos de referencia
para el diagnóstico y la interconsulta especializada, y los centros ambulatorios de rehabilitación
y salud mental comunitaria para el seguimiento de los tratamientos no farmacológicos
(Carranza
y Acevedo, 2025)
. En estos centros, el acompañamiento psicosocial multidisciplinario, entendido
como un dispositivo de soporte que integra acciones de evaluación, información, entrenamiento
parental, gestión de recursos y seguimiento coordinado entre profesionales de distintas áreas
(psicología, terapia ocupacional, trabajo social, neurología pediátrica, fonoaudiología, entre otras)
ha sido señalado como un componente crítico para la continuidad terapéutica y la adaptación
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 744
familiar
(Moreno y López, 2025), aunque su implementación efectiva se ve obstaculizada por la
fragmentación de los equipos, la ausencia de protocolos explícitos que regulen las funciones de
cada disciplina y la alta rotación de personal
(Chavarri et al., 2025; Esparza y Guijarro, 2025).
La literatura especializada ha documentado que, en contextos de recursos limitados, el
acompañamiento psicosocial multidisciplinario a familias de niños con trastornos del
neurodesarrollo debería incluir al menos tres componentes transversales a todas las disciplinas:
provisión de información clara y culturalmente adaptada sobre el diagnóstico y su pronóstico,
entrenamiento de los cuidadores en estrategias de manejo conductual en el hogar, y apoyo para la
navegación por los sistemas de salud, educación y protección social
(Bedoya y Herrera, 2022;
Gómez et al., 2025; Martínez et al., 2022; Ramírez et al., 2023)
, componentes que requieren para
su implementación no solo de competencias individuales de cada profesional, sino de mecanismos
sistemáticos de coordinación interdisciplinaria que permitan que las intervenciones de unos y
otros no se contradigan ni dupliquen esfuerzos
(Parra, 2022).
La sistematización de experiencias, entendida como un procedimiento metodológico que
reconstruye, ordena e interpreta críticamente las prácticas realizadas por profesionales en un
campo determinado con el propósito de extraer aprendizajes explícitos y comunicables
(Gómez
et al., 2025)
, se presenta como una vía pertinente para abordar esta brecha entre la necesidad de
un trabajo multidisciplinario articulado y la realidad de equipos fragmentados que operan sin
protocolos explícitos
(Hurtado et al., 2023).
A diferencia de los estudios que parten de marcos teóricos preexistentes para evaluar su
adecuación empírica, la sistematización parte de la práctica misma, la documenta en su
singularidad y la somete a un proceso de análisis colectivo entre los propios protagonistas de
distintas disciplinas
(Gómez et al., 2025; Grande et al., 2023), produciendo como resultado un
ordenamiento conceptual que no pretende ser universal ni normativo, sino fiel a las condiciones
concretas en las cuales dichas prácticas emergieron y, en particular, a la manera en que distintos
profesionales logran (o no logran) articular sus saberes en torno a un objetivo común. En el campo
de los trastornos del neurodesarrollo, esta aproximación ha sido utilizada para reconstruir
dispositivos de intervención temprana en contextos comunitarios
(Hernández et al., 2023),
programas de formación para cuidadores en zonas rurales
(Rojas et al., 2023) y estrategias de
inclusión educativa
(Martínez, 2025).
El presente estudio se propuso sistematizar las experiencias de acompañamiento
psicosocial multidisciplinario realizadas por profesionales de la salud y ciencias sociales en la
atención a familias de niños y adolescentes con diagnóstico de trastorno del espectro autista,
trastorno por déficit de atención con hiperactividad y discapacidad intelectual, en dos centros de
atención ambulatoria del Ecuador durante el período 2022-2025.
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MATERIALES Y MÉTODOS

El estudio se desarrolló bajo un diseño cualitativo de sistematización de experiencias,
orientado a reconstruir y ordenar las prácticas de acompañamiento psicosocial multidisciplinario
dirigidas a familias de niños y adolescentes con trastornos del neurodesarrollo (trastorno del
espectro autista, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y discapacidad intelectual)

(Villegas y Tulcanazo, 2023)
. El trabajo de campo se realizó en dos centros de atención
ambulatoria del Ecuador durante el período 2022-2025.

Participaron doce profesionales con al menos tres años de experiencia en la atención a
trastornos del neurodesarrollo, provenientes de cinco disciplinas: psicología clínica (cuatro),
trabajo social (tres), terapia ocupacional (dos), neurología pediátrica (dos) y fonoaudiología (uno).
La selección fue intencional, buscando capturar la diversidad disciplinar del abordaje de estos
trastornos y la posibilidad de identificar mecanismos de coordinación entre saberes
(Rodríguez
et al., 2025)
.
La recopilación de experiencias se realizó mediante un método sintético en tres
momentos. Primero, cada profesional redactó un relato estructurado sobre los casos acompañados,
describiendo acciones concretas, barreras enfrentadas y los mecanismos formales o informales de
coordinación con otras disciplinas. Segundo, se realizaron entrevistas de profundización para
explorar tensiones interdisciplinarias y modos de resolución
(Uriarte et al., 2022). Tercero, se
desarrollaron sesiones grupales de análisis donde los participantes leyeron, discutieron y
agruparon las acciones reportadas, identificaron puntos de acuerdo y desacuerdo entre disciplinas,
y ordenaron secuencialmente las prácticas hasta alcanzar un protocolo consensuado. Se
emplearon tres estrategias de rigor: triangulación de fuentes (contraste entre disciplinas),
verificación con participantes (devolución y ajuste del protocolo preliminar) y reflexividad del
facilitador (diario de campo con discusión explícita de sesgos)
(Torres et al., 2026; Tarma et al.,
2022)
.
RESULTADOS

Del análisis sintético de los relatos escritos, las entrevistas de profundización y las
sesiones grupales de discusión, siguiendo el procedimiento de síntesis progresiva de tres niveles
descrito en el apartado de método, emergió un protocolo de acompañamiento psicosocial
multidisciplinario para familias de niños y adolescentes con trastornos del neurodesarrollo.

Este protocolo no fue construido a partir de referencias teóricas externas ni impuesto por
los investigadores, sino que fue extraído, ordenado y articulado a partir de la experiencia
acumulada por los doce profesionales participantes durante el período 2022-2025, en el contexto
de su práctica cotidiana en dos centros de atención ambulatoria del Ecuador.
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Primer nivel de síntesis

En el primer nivel de síntesis, cada uno de los doce profesionales extrajo de su propio
relato escrito y de la correspondiente entrevista de profundización un listado de acciones que
consideraba esenciales para un acompañamiento efectivo, expresadas como enunciados breves
redactados en infinitivo. Se solicitó a cada participante que no se limitara a las acciones
explícitamente protocolizadas en las normativas institucionales, sino que incluyera también
aquellas prácticas improvisadas o adaptadas que, según su juicio clínico o social, habían
demostrado utilidad en situaciones concretas, especialmente cuando los recursos disponibles eran
escasos o cuando las condiciones de vida de las familias presentaban complejidades no previstas
en los procedimientos estándar.

Este proceso generó un total de 114 enunciados iniciales, de extensión variable, que
conservaban el lenguaje específico de cada disciplina. Por ejemplo, un psicólogo clínico
denominaba "contención emocional" a las intervenciones dirigidas a reducir la ansiedad del
cuidador frente al diagnóstico, mientras que un terapeuta ocupacional denominaba "regulación
afectiva" a intervenciones similares.

Un trabajador social hablaba de "gestión de protecciones", mientras que un neurólogo
pediatra se refería a "trámites del carnet de discapacidad" para aludir al mismo proceso
administrativo. Estas diferencias terminológicas, lejos de ser consideradas un obstáculo, fueron
tratadas por el grupo como un dato relevante sobre las culturas disciplinares presentes en el
equipo.

Segundo nivel de síntesis

En el segundo nivel de síntesis, el grupo, reunido en sesiones plenarias semanales durante
ocho semanas, leyó en voz alta todos los enunciados, discutió las redundancias y las diferencias
terminológicas, y sometió a votación o mediación del facilitador aquellos casos en los que no se
alcanzaba un acuerdo inmediato sobre la equivalencia semántica de dos o más enunciados.

El criterio utilizado para agrupar enunciados fue la similitud de la acción descrita en
términos de su propósito práctico y su momento de aplicación, independientemente de la
disciplina que la hubiera propuesto originalmente o del nombre que cada profesional le asignara.

Se agruparon bajo la misma acción única denominada "proveer información
comprensible sobre el diagnóstico" los enunciados provenientes del neurólogo ("explicar el
diagnóstico en palabras simples"), del psicólogo ("psicoeducar sobre las características del
trastorno"), del terapeuta ocupacional ("describir las implicancias sensoriales del diagnóstico") y
del trabajador social ("informar sobre los derechos asociados al diagnóstico"). Este proceso de
agrupamiento redujo los 114 enunciados iniciales a 35 acciones únicas, despojadas en lo posible
de jergas disciplinares excluyentes, aunque conservando precisiones técnicas cuando resultaban
indispensables para la especificidad de la acción.
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Tercer nivel de síntesis

En el tercer nivel de síntesis, el grupo ordenó las 35 acciones únicas en una secuencia
temporal lógica, desde el momento del diagnóstico (considerado como punto de partida del
acompañamiento) hasta el seguimiento prolongado que puede extenderse por años. Para ello, cada
participante propuso un ordenamiento individual, y luego, en sesión plenaria, se discutieron las
discrepancias, que se concentraron especialmente en la ubicación temporal de las acciones de
articulación intersectorial.

Algunos profesionales sostenían que la gestión de protecciones sociales debía iniciarse
inmediatamente después del diagnóstico (incluso antes de completar la evaluación
multidimensional), mientras que otros argumentaban que era preferible esperar a tener un
diagnóstico confirmado por escrito y una estabilización emocional mínima de la familia antes de
derivar a trámites externos.

Después del debate, se alcanzó un consenso en torno a la ubicación de estas acciones en
una tercera fase, posterior a la psicoeducación parental, bajo el argumento de que una familia que
aún no comprende el alcance del diagnóstico difícilmente puede aprovechar las protecciones
sociales que se le gestionan.

Cuatro fases del protocolo

El ordenamiento final agrupó las 35 acciones en cuatro fases sucesivas según el propósito
predominante de cada conjunto.

La Fase 1, denominada Evaluación multidimensional, agrupa las acciones orientadas a la
recolección inicial de información y al establecimiento de la relación de confianza con la familia.

La Fase 2, denominada Psicoeducación parental, concentra las acciones centradas en la
transmisión de conocimientos y el entrenamiento práctico de los cuidadores en el hogar.

La Fase 3, denominada Articulación intersectorial, reúne las acciones dirigidas a la
gestión de recursos externos y la articulación con los sistemas educativo y de protección social.

La Fase 4, denominada Seguimiento continuo, agrupa las acciones relativas al monitoreo
continuo de la evolución del niño y la adaptación familiar, con ajustes periódicos del plan de
intervención.

El producto de este proceso de ordenamiento y agrupamiento se presenta en la Tabla 1,
donde cada fase se especifica con su objetivo general, las acciones concretas consensuadas (que
sintetizan los 35 enunciados originales), los agentes involucrados (identificados a partir de los
relatos como los profesionales que habitualmente ejecutan cada acción) y los plazos estimados.
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 1
Tabla 1

Protocolo de acompañamiento psicosocial multidisciplinario para familias de niños con trastornos del neurodesarrollo

Fase
Objetivo Acciones específicas Agentes involucrados Plazo estimado
Fase 1: Evaluación
multidimensional

Identificar necesidades
clínicas, educativas, sociales y
emocionales de la familia en el
momento del diagnóstico o
derivación

1. Entrevista inicial conjunta con cuidadores primarios para registrar
historia del desarrollo, síntomas actuales y trayectoria diagnóstica
previa. 2. Aplicación de tamizaje de funcionalidad familiar (apoyo
percibido, comunicación, resolución de conflictos) y de sobrecarga
del cuidador. 3. Identificación de barreras prácticas: disponibilidad
de transporte, situación laboral, acceso a servicios de rehabilitación,
redes de apoyo comunitario.

Neurólogo pediatra
(diagnóstico); psicólogo clínico
(tamizaje emocional);
trabajador social (barreras
prácticas); cuidadores
principales (informantes)

Primera consulta (día 0) +
una semana posterior para
integración de hallazgos

Fase 2:
Psicoeducación
parental

Proveer información
comprensible y culturalmente
adaptada sobre el diagnóstico,
pronóstico y estrategias
básicas de manejo en el hogar

1. Dos a cuatro sesiones de psicoeducación individual o grupal
(según preferencia de la familia) sobre características del trastorno
específico (autismo, TDAH, discapacidad intelectual) y mitos
frecuentes. 2. Entrenamiento en técnicas conductuales básicas
(establecimiento de rutinas, uso de refuerzos positivos, manejo de
crisis de desregulación emocional). 3. Entrega de material escrito
adaptado (guías ilustradas, videos cortos accesibles vía WhatsApp)
con instrucciones prácticas para el hogar.

Psicólogo clínico (sesiones);
terapeuta ocupacional (técnicas
de regulación sensorial);
fonoaudiólogo (estrategias de
comunicación aumentativa si
aplica)

Días 15 a 60 posteriores al
diagnóstico (dependiendo
de disponibilidad familiar)

Fase 3:
Articulación
intersectorial

Vincular a la familia con
servicios educativos, de
rehabilitación y de protección
social necesarios para el
desarrollo integral del niño

1. Gestión de inscripción en programas de rehabilitación pública
(terapia ocupacional, fonoaudiología, terapia física) según
disponibilidad de cupos. 2. Asesoría para la solicitud del carnet de
discapacidad y su actualización periódica, así como para el acceso a
transferencias condicionadas. 3. Mediación con instituciones
educativas para la elaboración de adaptaciones curriculares y la
solicitud de acompañamiento de Unidades de Apoyo a la Inclusión
(UDAI).

Trabajador social (gestión de
protecciones); terapeuta
ocupacional (evaluación de
necesidades educativas);
psicólogo educativo (si está
vinculado a la escuela)

Días 30 a 120 (los plazos
dependen de tiempos
institucionales externos)

Fase 4: Seguimiento
continuo

Monitorear la evolución del
niño y la adaptación familiar,
ajustando el plan de
intervención ante cambios en
las condiciones de vida o en el
cuadro clínico

1. Contacto telefónico o presencial mensual durante los primeros seis
meses, luego bimestral, para verificar adherencia a terapias, situación
escolar y estado emocional de los cuidadores. 2. Reuniones de
coordinación interdisciplinaria trimestrales entre todos los
profesionales involucrados para revisar metas y reajustar estrategias.
3. Detección temprana de signos de sobrecarga del cuidador
(agotamiento, irritabilidad, abandono de autocuidado) y activación
de soporte psicológico adicional si se requiere.

Trabajador social (coordinación
y seguimiento); psicólogo
clínico (soporte al cuidador);
neurólogo pediatra (control
farmacológico si corresponde)

Desde el mes 4 con
duración indefinida
(mínimo 12 meses de
seguimiento activo
recomendado por los
participantes)

Nota: Elaboración propia
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 1
Tabla 2

Perfil de profesionales participantes en el protocolo de acompañamiento psicosocial
multidisciplinario

Profesional / Rol
Formación
requerida

Competencias
específicas

Funciones en el
protocolo

Fase(s) de
participación

Neurólogo
pediatra

Especialista en
neurología
infantil, con
formación en
trastornos del
neurodesarrollo

Capacidad para
realizar diagnóstico
diferencial (autismo,
TDAH, discapacidad
intelectual);
conocimiento de
criterios de
derivación a
rehabilitación y
salud mental;
manejo
farmacológico
básico de
comorbilidades
(trastornos del
sueño, irritabilidad)

Realiza el diagnóstico y
comunica los hallazgos
a la familia en lenguaje
comprensible; prescribe
tratamiento
farmacológico si es
necesario; deriva al
equipo psicosocial para
acompañamiento;
supervisa la evolución
neurológica en
consultas de control

Fase 1
(evaluación), Fase
4 (seguimiento)

Psicólogo clínico
Licenciatura o
maestría en
psicología clínica,
con experiencia
en infancia y
adolescencia y
formación en
psicoeducación
familiar

Entrenamiento en
entrevista
motivacional y
psicoeducación;
habilidades de
tamizaje de
funcionalidad
familiar y sobrecarga
del cuidador; manejo
de técnicas
conductuales básicas
(refuerzo positivo,
establecimiento de
rutinas)

Aplica tamizaje
emocional inicial;
realiza las sesiones de
psicoeducación
parental; brinda soporte
psicológico al cuidador
cuando se detecta
sobrecarga; coordina
con terapeuta
ocupacional y
fonoaudiólogo las
estrategias de manejo
conductual en el hogar

Fase 1 (tamizaje),
Fase 2
(psicoeducación),
Fase 4 (soporte)

erapeuta
ocupacional

Título en terapia
ocupacional, con
experiencia en
neurodesarrollo y
entrenamiento en
integración
sensorial

Conocimiento de
estrategias de
regulación sensorial
para niños con
autismo; habilidades
para evaluar
necesidades de
adaptación del
entorno (hogar y
escuela); capacidad
de entrenar a
cuidadores en rutinas
de actividades de la
vida diaria

Evalúa perfil sensorial y
de habilidades
adaptativas; entrena a
cuidadores en técnicas
de regulación (pautas de
integración sensorial,
creación de ambientes
predecibles); participa
en la mediación escolar
si se requieren
adaptaciones de
mobiliario o rutinas

Fase 2
(entrenamiento
parental), Fase 3
(articulación
educativa)

Trabajador social
Título en trabajo
social, con
formación o
experiencia en
salud pública y
protección social

Conocimiento del
sistema de
protección social
ecuatoriano (carnet
de discapacidad,
transferencias
condicionadas);
habilidades de
entrevista para
identificación de
barreras prácticas;
capacidad de gestión
intersectorial con
escuelas

Identifica barreras de
acceso a servicios y
protecciones sociales;
gestiona la
documentación
requerida para
prestaciones; realiza la
mediación con escuelas;
coordina el seguimiento
telefónico mensual y las
reuniones
interdisciplinarias
trimestrales; actúa como
referente estable de la
familia durante todo el
protocolo

Fase 1
(identificación de
barreras), Fase 3
(articulación
intersectorial),
Fase 4
(seguimiento)
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 2
Fonoaudiólogo
Título en
fonoaudiología,
con experiencia
en trastornos de la
comunicación en
población
pediátrica

Habilidades en
evaluación y
estimulación del
lenguaje expresivo y
receptivo; manejo de
sistemas de
comunicación
aumentativa y
alternativa (SAAC)
para niños no
verbales

Evalúa perfil
comunicativo del niño;
entrena a cuidadores en
estrategias de
estimulación del
lenguaje en el hogar;
enseña el uso de SAAC
si corresponde;
participa en sesiones de
psicoeducación cuando
la comunicación es un
eje central del caso

Fase 2
(entrenamiento
parental)

Nota: Elaboración propia

De manera complementaria, durante las sesiones de discusión y validación del protocolo,
los participantes señalaron de manera recurrente y enfática que la mera presencia de estos cinco
perfiles profesionales en el mismo centro de atención no garantizaba un trabajo integrado ni la
efectividad del acompañamiento.

Señalaron haber observado situaciones en las que todos los profesionales estaban
presentes, pero actuaban en paralelo, sin comunicación sistemática, generando indicaciones
contradictorias para la familia, duplicación de esfuerzos y, en algunos casos, fatiga y
desorientación en los cuidadores.

Para que el protocolo funcione, insistieron los participantes, se requiere, además de los
perfiles individuales, la existencia de espacios sistemáticos de coordinación interdisciplinaria, que
incluyen al menos tres elementos.

Estos elementos son: reuniones periódicas de equipo (quincenales o mensuales) para
discutir los casos activos, una historia clínica única accesible a todos los miembros del equipo (en
formato físico o digital, pero sin compartimentación por disciplinas), y la definición explícita de
un profesional referente por familia, encargado de integrar las intervenciones de las distintas
disciplinas y de ser el interlocutor principal con la familia.

DISCUSIÓN

Los resultados obtenidos mediante la sistematización de experiencias permitieron
construir un protocolo de acompañamiento psicosocial multidisciplinario para familias de niños
con trastornos del neurodesarrollo que, a diferencia de las guías clínicas tradicionales centradas
en el niño como paciente individual, sitúa a la familia como unidad central de intervención y
ordena las acciones de cinco disciplinas en una secuencia temporal que abarca desde el
diagnóstico hasta el seguimiento prolongado.

Este enfoque familiar resulta consistente con los hallazgos de la literatura internacional
en el campo de la atención centrada en la familia (family-centered care)
(Chavarri et al., 2025;
Martínez et al., 2022)
, la cual ha demostrado que las intervenciones dirigidas exclusivamente al
niño presentan tasas más elevadas de abandono terapéutico y menor efectividad en la
generalización de habilidades al entorno natural
(Hurtado et al., 2023; Lima y Martínez, 2023).
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 3
La inclusión de la psicoeducación parental como una fase específica del protocolo (Fase
2) responde directamente a esta evidencia, al reconocer que los cuidadores requieren no solo
información técnica sobre el diagnóstico
(Moreira et al., 2022), sino también entrenamiento
práctico en estrategias de manejo conductual que puedan ser aplicadas en el hogar
(Lara y
Rodríguez, 2024; Orozco et al., 2025)
.
La organización del protocolo en cuatro fases con plazos diferenciados refleja la
comprensión de los trastornos del neurodesarrollo como condiciones de curso crónico que
requieren intervenciones de diferente intensidad en distintos momentos evolutivos
(Leive et al.,
2024)
, una visión que se alinea con los modelos de atención escalonada (stepped care) propuestos
para el autismo
(López y Gallicchio, 2025; Moreira et al., 2022).
En el protocolo construido en Ecuador, esta lógica se traduce en plazos más acotados para
las fases 2 y 3 (psicoeducación y articulación, concentradas en los primeros cuatro meses) y una
fase 4 de menor frecuencia de contacto, pero duración indefinida, lo cual resulta realista en
contextos de alta demanda asistencial
(Moreno y López, 2025).
Sin embargo, los propios participantes señalaron que, en las condiciones habituales de los
centros ambulatorios ecuatorianos, el cumplimiento estricto de estos plazos se ve obstaculizado
por la saturación de la demanda y la falta de tiempo institucional para la coordinación
(Orozco
et al., 2025)
, una tensión documentada también en estudios sobre implementación en Brasil y
México
(Rojas et al., 2023; Parra, 2022).
La inclusión de la articulación intersectorial como una fase específica del protocolo (Fase
3) constituye un hallazgo relevante, ya que diferencia el acompañamiento en trastornos del
neurodesarrollo de otras intervenciones en salud crónica donde la mediación con sistemas
externos resulta menos crítica
(Ramírez et al., 2023).
En Ecuador, los participantes señalaron que la demora en la obtención del carnet de
discapacidad y la falta de adaptaciones curriculares en las escuelas regulares constituyen dos de
las barreras más frecuentes, lo cual coincide con lo reportado por Tello y Botero
(2023).
La inclusión del trabajador social como agente central de esta fase otorga al protocolo un
anclaje en la realidad institucional ecuatoriana que lo diferencia de modelos importados de países
con sistemas de protección social más integrados
(Uzátegui y Malvaceda, 2023; Villegas y
Tulcanazo, 2023; Yu et al., 2023)
. No obstante, la efectividad de esta fase depende críticamente
de factores externos al equipo de salud, como los tiempos de respuesta de las juntas de
discapacidad y la disponibilidad de cupos en rehabilitación, variables no controlables que explican
la variabilidad entre casos
(D. Torres et al., 2026).
Un hallazgo que emerge con particular claridad del discurso de los participantes es que
la mera presencia de profesionales de distintas disciplinas en el mismo centro no garantiza un
acompañamiento integrado; se requiere, además, un dispositivo sistemático de coordinación. Los
participantes señalaron que, en ausencia de este espacio de coordinación, cada disciplina tiende a
Vol. 13/ Núm. 2 2026 pág. 4
actuar por cuenta propia, generando indicaciones contradictorias para la familia, fenómeno
documentado en la literatura como “trabajo en paralelo” versus “trabajo interdisciplinario
genuino”
(Trejos et al., 2023; Vargas et al., 2023; Uriarte et al., 2022)
El protocolo construido en este estudio intenta responder a esta necesidad al especificar
las funciones de cada disciplina en cada fase y al requerir explícitamente reuniones de
coordinación en la Fase 4.

Sin embargo, los propios participantes reconocieron que el tiempo disponible para dichas
reuniones es insuficiente o inexistente en las condiciones habituales de los centros ecuatorianos,
una barrera estructural señalada también en Chile y Argentina
(Urbina, 2024; Villegas y
Tulcanazo, 2023; Tarma et al., 2022)

El perfil de profesionales descrito incluye roles que no siempre están presentes en los
centros de atención ambulatoria ecuatorianos, como el terapeuta ocupacional con entrenamiento
en integración sensorial o el fonoaudiólogo con manejo de sistemas de comunicación
aumentativa.

Los participantes señalaron que la ausencia de estos perfiles obliga a psicólogos y
trabajadores sociales a asumir funciones para las cuales no están entrenados, reduciendo la calidad
del acompañamiento, una tensión documentada en países de ingresos medios y bajos (Franz et
al., 2018; de Leeuw et al., 2020). La relevancia de este aporte reside en su capacidad para
explicitar, ordenar y hacer comunicable un saber práctico que hasta ahora se encontraba disperso,
tácito y sujeto a la memoria individual de cada profesional.

CONCLUSIONES

La sistematización de experiencias de acompañamiento psicosocial multidisciplinario en
trastornos del neurodesarrollo, realizada con doce profesionales de cinco disciplinas en dos
centros de atención ambulatoria del Ecuador durante el período 2022-2025, permitió construir un
protocolo emergente organizado en cuatro fases sucesivas: evaluación multidimensional,
psicoeducación parental, articulación intersectorial y seguimiento continuo. Dicho protocolo sitúa
a la familia como unidad central de intervención, reconoce la cronicidad del trastorno y especifica
los roles diferenciados de neurólogos pediatras, psicólogos clínicos, terapeutas ocupacionales,
trabajadores sociales y fonoaudiólogos en cada fase del proceso.

La particularidad del protocolo reside no solo en la inclusión de múltiples disciplinas,
sino en la explicitación de los mecanismos de coordinación interdisciplinaria reuniones
periódicas, historia clínica compartida y profesional referente por familia que permiten
transformar un conjunto de profesionales actuando en paralelo en un equipo integrado. La
inclusión explícita de la articulación con escuelas y servicios de protección social diferencia este
protocolo de las intervenciones centradas exclusivamente en el ámbito sanitario, al reflejar las
barreras concretas que enfrentan las familias ecuatorianas en su vida cotidiana. El perfil de
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profesionales descrito evidencia la necesidad de contar con equipos multidisciplinarios estables,
cuya rotación constituye la principal amenaza para la continuidad del acompañamiento.

La ausencia de validación empírica de la efectividad del protocolo, así como su
construcción a partir de experiencias de solo dos centros urbanos, limitan la generalización de los
hallazgos y subrayan la necesidad de futuros estudios que incorporen la perspectiva directa de los
cuidadores. La limitación más relevante del estudio es que las experiencias de las familias fueron
mediadas exclusivamente por el relato de los profesionales, sin que los cuidadores participaran
directamente en el proceso de sistematización, lo cual deberá ser subsanado en investigaciones
posteriores.

El protocolo aquí presentado, más que una herramienta normativa, ofrece un
ordenamiento descriptivo de prácticas multidisciplinarias existentes, útil como referente para
equipos que deseen explicitar y revisar sus propios modos de acompañar a familias de niños con
trastornos del neurodesarrollo en el contexto ecuatoriano. En un sistema de salud con alta rotación
de personal, contar con un protocolo escrito, construido desde la experiencia local y consensuado
entre disciplinas, permite reducir la variabilidad no justificada en la práctica y sostener la
continuidad del acompañamiento ante cambios en el equipo tratante.
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