Vol. 13/ Núm. 1 2026 pág. 2654
https://doi.org/
10.69639/arandu.v13i1.2070
Fracturas abiertas de extremidades en 2025: antibióticos,
desbridamiento, irrigación, fijación y cobertura de tejidos
blandos

Open fractures of the extremities in 2025: antibiotics, debridement, irrigation, fixation,

and soft
-tissue coverage
José Félix Piguave Cuesta

jf.piguave14@gmail.com

https://orcid.org/0009-0001-8091-1001

Residente de Postgrado de Traumatología UEES

Hospital del Norte de Guayaquil IESS los Ceibos

Ecuador Guayaquil

Fabián Danilo Silva Curay

danifs@outlook.es

https://orcid.org/0009-0007-6276-8882

Residente de Postgrado de Traumatología UEES

Hospital del Norte de Guayaquil IESS los Ceibos

Ecuador Guayaquil

Bryan Adolfo Esparza Anchundia

esparzabryan0210@gmail.com

https://orcid.org/0009-0006-9146-4696

Residente de Postgrado de Traumatología UEES

Hospital del Norte de Guayaquil IESS los Ceibos

Ecuador Guayaquil

Víctor Alexander Luna Granda

Viclun27@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0008-4909-5991

Residente de Postgrado de Traumatología UEES

Hospital del Norte de Guayaquil IESS los Ceibos

Ecuador Guayaquil

Artículorecibido:18 febrero 2026-Aceptado para publicación:20 marzo 2026

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

Esta revisión bibliográfica integra guías clínicas y evidencia reciente (hasta 2025) sobre el manejo
inicial y definitivo de las fracturas abiertas de extremidades. El objetivo es sintetizar decisiones
críticas en las primeras horas y en la fase reconstructiva: inicio de antibióticos, desbridamiento,
irrigación, estabilización ósea y cobertura de tejidos blandos. La literatura coincide en priorizar
antibióticos intravenosos tempranos, con selección y duración ajustadas al grado de lesión y al
perfil de contaminación, junto con profilaxis antitetánica y reevaluación microbiológica cuando
la evolución clínica lo exige. El desbridamiento se orienta por la contaminación, la energía del
trauma y el estado del paciente, y busca preservar tejido viable, reducir carga bacteriana y
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planificar cierre o cobertura. En irrigación, la evidencia favorece soluciones simples (suero
fisiológico) y presiones bajas o por gravedad, con volúmenes adaptados al tamaño y la suciedad
de la herida. La fijación se individualiza entre estrategias temporales (p. ej., fijación externa) y
definitivas (clavos, placas), según estabilidad fisiológica, patrón de fractura y necesidad de acceso
para reconstrucción. La cobertura temprana, idealmente en un enfoque ortoplástico, reduce
complicaciones de la herida y apoya la consolidación, por lo que la coordinación de tiempos entre
desbridamiento, fijación y colgajos/injertos define el rendimiento clínico del proceso.

Palabras clave: fracturas abiertas, antibióticos profilácticos, desbridamiento, irrigación,
cobertura de tejidos blandos

ABSTRACT

This narrative literature review integrates contemporary guidelines and key evidence (through

2025) on the acute and definitive management of open extremity fractures. The aim is to

synthesize time
-critical decisions across the care pathway: early antibiotics, surgical debridement,
wound irrigation, fracture stabilization, and soft
-tissue closure or coverage. Current sources
emphasize prompt intravenous antibiotic prophylaxis, with agent selection and duration tailored

to injury severity and contamination p
attern, alongside tetanus prophylaxis and targeted cultures
when clinical evolution suggests infection. Debridement planning follows contamination burden,

injury energy, vascular status, and patient physiology, and focuses on removing devitalized tissue

wh
ile preserving viable structures and preparing the wound for closure. For irrigation, best
evidence supports simple solutions (normal saline) delivered with low pressure or gravity, using

volumes adjusted to wound size and soilage. Fixation strategy ranges
from temporary stabilization
(eg, external fixation) in unstable patients or severely contaminated wounds to definitive internal

fixation when physiology and soft
-tissue plans permit. Early soft-tissue coverage within an
orthoplastic model aligns debridem
ent, fixation, and reconstruction, reduces wound
complications, and supports fracture healing. Coordinated logistics and standardized protocols

therefore drive quality outcomes in 2025
-era open fracture care.
Keywords:
open fractures, prophylactic antibiotics, debridement, irrigation, soft-tissue
coverage

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licencia Creative Commons Atribution 4.0 International.
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INTRODUCCIÓN

Las fracturas abiertas de las extremidades representan una urgencia ortopédica y
traumatológica donde el tiempo no solo cuenta en minutos: también define la calidad del tejido
que se salva, la carga bacteriana que se controla y el destino funcional del miembro. A diferencia
de la fractura cerrada, la fractura abierta expone el hueso y los planos profundos a contaminación,
pérdida de tejidos blandos y compromiso vascular variable. Esa triada energía del trauma,
contaminación y daño de cobertura convierte el problema en un evento biológico y logístico a
la vez: se trata de rescatar un ecosistema tisular herido antes de que la infección, la necrosis y la
inestabilidad mecánica impongan su propia agenda clínica.

En 2025, el reto se mantiene vigente y, en muchos escenarios, más complejo. El aumento
de traumatismos de alta energía por siniestros viales, lesiones laborales e incluso violencia, se
traduce en pacientes con múltiples lesiones y fisiología frágil. En ellos, una fractura abierta no es
un “caso de hueso”; es una puerta de entrada a complicaciones que escalan rápidamente: infección
de la herida, osteomielitis, falla de consolidación, amputación y, en el extremo, sepsis. La carga
económica y social es significativa: prolonga estancias hospitalarias, consume recursos
quirúrgicos, incrementa reintervenciones y limita la reintegración laboral. Por eso, más que un
procedimiento aislado, el manejo de la fractura abierta se ha consolidado como un proceso de alto
impacto, con indicadores sensibles a la calidad del sistema (tiempo a antibióticos, tiempo a
cirugía, coordinación reconstructiva y continuidad del cuidado).

La evolución conceptual del manejo ha sido clara: de la lógica histórica del “desbridar
dentro de seis horas” como dogma universal, a un enfoque más fino basado en riesgo, fisiología
del paciente y condiciones reales de atención. Hoy se reconoce que el resultado no depende de un
único hito, sino del encadenamiento correcto de decisiones. En esa cadena, el inicio temprano de
antibióticos intravenosos funciona como la primera barrera de control; el desbridamiento
quirúrgico y la irrigación reducen la carga de contaminación y tejido desvitalizado; la fijación
aporta estabilidad mecánica y facilita el cuidado de la herida; y la cobertura temprana de tejidos
blandos cuando está indicada sella el sistema para favorecer cicatrización y consolidación.
Este “pipeline” terapéutico exige coordinación multidisciplinaria y ejecución consistente,
idealmente bajo un modelo ortoplástico que integre traumatología/ortopedia y cirugía
reconstructiva desde el inicio, con metas compartidas y cronogramas claros.

A la par, 2025 trae tensiones inevitables que obligan a afinar la estrategia. La resistencia
antimicrobiana exige antibióticos precisos, oportunos y con duración racional; la disponibilidad
desigual de quirófano, implantes, terapia de presión negativa, microcirugía o colgajos complejos
obliga a diseñar rutas escalonadas; y la variabilidad en recursos entre hospitales de segundo nivel
y centros de referencia condiciona decisiones de estabilización temporal y oportunidad de
transferencia. En otras palabras: el mejor protocolo es el que aterriza en la realidad operativa, sin
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perder rigor. La excelencia clínica, aquí, se parece a una buena gestión: estandarizar lo crítico,
medir lo que importa y asegurar que cada eslabón tenga dueño y tiempos definidos.

Desde el punto de vista técnico, el problema se apoya en teorías y marcos prácticos bien
establecidos. La clasificación de Gustilo-Anderson sigue siendo un lenguaje común para estimar
severidad y guiar decisiones iniciales, aunque se complementa con una evaluación más integral
del huésped (comorbilidades, perfusión, contaminación, estabilidad hemodinámica) y del
contexto (capacidad quirúrgica, disponibilidad de cobertura, tiempos de derivación). Asimismo,
los principios de la cirugía de control de daños y del “damage control orthopedics” orientan la
elección entre fijación temporal y definitiva, priorizando la supervivencia y la estabilidad
fisiológica sin sacrificar, cuando es posible, la ventana óptima de reconstrucción. En irrigación,
la evidencia contemporánea ha desplazado prácticas más agresivas hacia estrategias simples y
reproducibles, con énfasis en soluciones habituales y presiones bajas, ajustando volúmenes a la
magnitud y suciedad de la herida. En cobertura, la visión moderna privilegia el cierre o cobertura
temprana cuando es seguro y factible, porque el tejido blando no es un “detalle estético”: es un
determinante biológico de infección y de consolidación.

Sin embargo, persisten áreas de debate y heterogeneidad clínica: el mejor esquema
antibiótico por grado y tipo de contaminación; la duración óptima de la profilaxis; el momento
exacto del desbridamiento según severidad y recursos; la selección de fijación externa versus
interna en escenarios complejos; y la ventana ideal de cobertura con colgajos o injertos,
especialmente cuando existe necesidad de múltiples desbridamientos o cuando la derivación a un
centro reconstructivo toma tiempo. Estas variaciones justifican una revisión bibliográfica
actualizada que unifique criterios, contraste guías con evidencia reciente y traduzca la
información en decisiones prácticas para equipos asistenciales.

El objetivo de esta revisión bibliográfica es sintetizar la evidencia y recomendaciones
vigentes hasta 2025 sobre el manejo integral de las fracturas abiertas de extremidades, con énfasis
en cinco ejes operativos: antibióticos (selección, oportunidad y duración), desbridamiento
(principios y tiempos), irrigación (solución, presión y volumen), fijación (estrategias temporales
y definitivas) y cobertura de tejidos blandos (oportunidad, técnicas y coordinación ortoplástica).
De forma complementaria, se busca proponer un marco de toma de decisiones aplicable tanto en
centros con alta capacidad reconstructiva como en hospitales de segundo nivel, priorizando
seguridad del paciente, control de infección, preservación de extremidad y eficiencia del proceso.

Como revisión bibliográfica, este trabajo no plantea hipótesis experimentales en sentido
estricto; sin embargo, parte de una premisa clínica razonable y verificable en la literatura: la
implementación temprana y coordinada de antibióticos, desbridamiento adecuado, estabilización
y cobertura oportuna reduce complicaciones infecciosas y mejora los desenlaces de salvamento y
función del miembro, especialmente cuando se ejecuta dentro de un circuito asistencial
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estandarizado y medible. Con esa brújula, la revisión aspira a convertir la evidencia en un mapa
de acción: claro, replicable y alineado con el estándar contemporáneo.

MATERIALES Y MÉTODOS

Este trabajo corresponde a una revisión bibliográfica narrativa con enfoque descriptivo
analítico, orientada a sintetizar y actualizar, hasta 2025, la evidencia clínica disponible sobre el
manejo integral de las fracturas abiertas de extremidades, con énfasis en cinco dominios
operativos: antibióticos, desbridamiento, irrigación, fijación y cobertura de tejidos blandos. Se
eligió este tipo de revisión por su utilidad para integrar guías, consensos y estudios clínicos
heterogéneos (ensayos, cohortes, revisiones sistemáticas) y traducirlos a recomendaciones
aplicables en escenarios reales, incluyendo hospitales de segundo nivel y centros de referencia.

Estrategia de búsqueda. Se realizó una búsqueda estructurada de literatura en bases de datos
biomédicas y repositorios de guías clínicas. Se consideraron PubMed/MEDLINE, Scopus, Web
of Science, Cochrane Library y Google Scholar como motor complementario para identificar
literatura gris relevante (consensos, guías institucionales y actualizaciones de sociedades
científicas). Adicionalmente, se consultaron páginas oficiales de sociedades y organismos con
guías activas en trauma ortopédico (por ejemplo, asociaciones ortopédicas nacionales, grupos de
trauma y entidades de cirugía reconstructiva/ortoplástica). La ventana temporal prioritaria abarcó
publicaciones desde 2015 hasta 2025, con inclusión de referencias clásicas pre-2015 únicamente
si eran fundacionales o necesarias para contextualizar conceptos (p. ej., clasificaciones, principios
de control de daños, estudios pivote de irrigación).

Términos de búsqueda. Se utilizaron términos MeSH y palabras clave combinadas con
operadores booleanos.
Un ejemplo de estrategia fue: (“open fracture” OR “compound fracture”
OR “Gustilo”) AND (“antibiotic prophylaxis” OR “antibiotics”) AND (“debridement” OR

“surgical debridement”) AND (“irrigation” OR “wound irrigation”) AND (“fracture fixation” OR

“external
fixation” OR “intramedullary nailing” OR “internal fixation”) AND (“soft tissue
coverage” OR “flap” OR “orthoplastic” OR “negative pressure wound thera
py”). Se ajustaron
equivalentes en español para ampliar sensibilidad en literatura latinoamericana y regional.

Criterios de inclusión. Se incluyeron: (1) guías clínicas, recomendaciones de práctica,
consensos y declaraciones de sociedades científicas; (2) revisiones sistemáticas y metaanálisis;
(3) ensayos clínicos, estudios de cohortes y estudios comparativos relevantes; (4) artículos que
abordaran explícitamente uno o más de los cinco dominios seleccionados en población adulta o
mixta con fracturas abiertas de extremidades. Se incluyeron publicaciones en inglés y español. La
población objetivo fueron pacientes con fracturas abiertas de miembros superiores o inferiores,
en contexto de trauma.

Criterios de exclusión. Se excluyeron: (1) series de casos pequeñas sin aportes
metodológicos o sin desenlaces clínicos claros; (2) artículos centrados exclusivamente en
Vol. 13/ Núm. 1 2026 pág. 2659
fracturas abiertas de mano/pie con manejo altamente específico sin extrapolación a extremidades;
(3) estudios pediátricos puros, salvo cuando aportaran principios generales aplicables; (4) reportes
con información incompleta o sin acceso a texto completo cuando ello impedía la extracción
adecuada de datos.

Proceso de selección y extracción. La selección se realizó en dos fases: revisión por
título/resumen y evaluación de texto completo para elegibilidad final. Se depuraron duplicados y
se priorizaron estudios con mayor calidad metodológica y relevancia clínica. Para la extracción
de datos se utilizó una matriz estandarizada que incluyó: autor/año, tipo de documento (guía,
revisión, ensayo, cohorte), población/escenario, clasificación de la fractura (cuando estuviese
disponible), intervención o enfoque (antibiótico, desbridamiento, irrigación, fijación, cobertura),
tiempos reportados (p. ej., antibióticos, cirugía, cobertura), desenlaces (infección
superficial/profunda, osteomielitis, no unión, necesidad de reintervención, amputación,
complicaciones de herida, estancia hospitalaria) y conclusiones relevantes.

Evaluación de calidad y jerarquización de evidencia. Dado el carácter narrativo, no se
aplicó una herramienta única de riesgo de sesgo para todos los diseños; en su lugar, se jerarquizó
la evidencia priorizando revisiones sistemáticas/metaanálisis y guías basadas en evidencia,
seguidas por ensayos clínicos y cohortes comparativas. Se valoró consistencia de resultados,
aplicabilidad clínica, claridad en definiciones (p. ej., infección profunda), y pertinencia al
contexto de trauma de alta energía. Cuando existieron discrepancias, se reportaron y se
interpretaron en función de diferencias de población, severidad, recursos y definiciones
operativas.

Síntesis de la información. Los hallazgos se organizaron por dominios y se integraron en
un esquema de “ruta clínica” que enlaza decisiones tempranas y definitivas, resaltando puntos
críticos de implementación: inicio de antibióticos, prioridad quirúrgica del desbridamiento según
riesgo, técnica de irrigación reproducible, criterios para fijación temporal vs definitiva, y timing
de cierre/cobertura en coordinación ortoplástica. Se incluyeron consideraciones operativas para
hospitales de segundo nivel (capacidad de quirófano, disponibilidad de implantes, necesidad de
referencia) con el objetivo de traducir la evidencia a algoritmos aplicables.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

La evidencia recuperada converge en una “ruta crítica” de alto rendimiento para fracturas
abiertas: antibióticos IV tempranos, desbridamiento oportuno y completo, irrigación simple y
reproducible, estabilización que facilite el control de la herida, y cobertura definitiva de tejidos
blandos dentro de una ventana corta, idealmente bajo un modelo ortoplástico. En 2025, el mensaje
de fondo es operacional: los desenlaces dependen menos de una maniobra heroica y más de la
ejecución consistente de un paquete de medidas con tiempos y responsables claros (KPIs
clínicos).
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Antibióticos. Los estándares británicos BOAST recomiendan administrar antibióticos
profilácticos IV lo antes posible, idealmente dentro de 1 hora de la lesión. En línea con esa
urgencia, la guía AAOS para “major extremity trauma” prioriza profilaxis sistémica con
cefazolina o clindamicina; y para fracturas abiertas tipo III (y posiblemente tipo II) sugiere
preferir cobertura adicional para Gram negativos, destacando piperacilinatazobactam como
opción preferente en tipo III. A nivel de duración, el mismo documento plantea que, en fracturas
cerradas y abiertas (excepto tipo III y quizá tipo II), no se justifica prolongar la profilaxis más allá
de un día. Como hallazgo complementario, la AAOS también considera potencialmente
beneficiosas estrategias locales (p. ej., polvo de vancomicina, perlas con tobramicina), con
evidencia moderada. En el plano controvertido, el ensayo VANCO (alto riesgo tibial) apoya que
la vancomicina intraherida reduce infecciones profundas por Gram positivos, sin impacto claro
en Gram negativos, lo que posiciona la terapia local como “adjunto” y no reemplazo de una
profilaxis sistémica bien elegida.

Desbridamiento. BOAST operacionaliza el tiempo según riesgo: inmediato para heridas
altamente contaminadas (agrícola/acuática/alcantarillado) o con compromiso vascular; dentro de
12 horas para otras fracturas abiertas de alta energía; y dentro de 24 horas para fracturas abiertas
de baja energía. Esto dialoga con evidencia observacional multinacional reciente: en una cohorte
amplia (10.651 fracturas, 61 países) la probabilidad de infección aumentó 0,17% por cada retraso
de 6 horas en el desbridamiento, con mayor pendiente en lesiones tipo III. Interpretación práctica:
el “reloj” importa, pero debe ser un reloj inteligente (priorización por contaminación, perfusión y
fisiología), evitando tanto retrasos injustificados como cirugías apresuradas sin capacidad de
completar un primer tiempo de calidad.

Irrigación. El ensayo FLOW (diseño factorial 2×3) muestra que las tasas de reoperación
fueron similares independientemente de la presión de irrigación, validando la irrigación a muy
baja presión como alternativa aceptable y de bajo costo; en contraste, la solución jabonosa se
asoció a mayor reoperación que el suero fisiológico (HR 1,32). En términos de implementación,
esto favorece protocolos simples: suero fisiológico, baja presión/por gravedad, volumen escalado
a tamaño y suciedad; y abandonar la idea de que “más presión” o “más química” necesariamente
equivale a mejor descontaminación.

Fijación. Los hallazgos apoyan individualizar entre estabilización temporal (p. ej., fijación
externa) y fijación definitiva, priorizando acceso a tejidos blandos, control de contaminación y
estabilidad del paciente. BOAST es explícito: la estabilización interna definitiva debería
realizarse solo cuando puede seguirse inmediatamente de cobertura definitiva de tejidos blandos.
En la comparación clásica EF vs clavo endomedular en tibia abierta, un metaanálisis de ensayos
aleatorizados no encontró diferencias sustanciales en infección profunda o no unión, sugiriendo
que la técnica por sí sola no rescata un proceso mal secuenciado; lo decisivo es la coordinación
entre desbridamientoestabilidadcobertura.
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Cobertura de tejidos blandos. Este es el punto donde la evidencia reciente refuerza con más
fuerza una ventana temporal. BOAST establece que la cobertura/cierre definitivo debe lograrse
dentro de 72 horas si no se realiza en el mismo acto del desbridamiento. NICE, por su parte,
enfatiza que la cirugía para excisión de herida, fijación y cobertura debe realizarse de forma
concurrente por consultores de ortopedia y plástica (enfoque ortoplástico). Y un metaanálisis (16
estudios; 973 pacientes) encontró que la reconstrucción con colgajo dentro de 72 horas se asoció
a una reducción del riesgo de infección (RR 0,48).

En la práctica, esto convierte la “cobertura temprana” en un KPI clínico y logístico:
requiere agenda quirúrgica conjunta, disponibilidad de equipos y un plan de referencia/contra-
referencia cuando el hospital no cuenta con capacidad reconstructiva.

Novedad, controversias y prospectiva. Lo novedoso no es un nuevo antibiótico milagroso,
sino la estandarización basada en evidencia de la secuencia y el tiempo: 1 hora para antibióticos,
1224 horas para desbridamiento según riesgo, irrigación de baja complejidad sustentada por
RCT, y 72 horas como umbral pragmático de cobertura para disminuir infección. Lo controversial
se concentra en la “expansión” antibiótica (quién realmente necesita Gram negativos ampliados
y cuánto tiempo) y en el rol óptimo de antibióticos locales: prometen valor, pero deben integrarse
sin desplazar lo esencial (desbridamiento, estabilidad, cobertura). La perspectiva 2025 es clara:
equipos que gestionan esta ruta como un proceso (con checklists, tiempos y auditoría) tienden a
capturar mejores resultados que equipos que la tratan como eventos aislados.

Figura 1

Ruta crítica de manejo de fracturas abiertas de extremidades en 2025 (enfoque por procesos)

Se resume, en secuencia, los cinco componentes clave del manejo basado en evidencia (antibióticos IV tempranos,
desbridamiento quirúrgico, irrigación con suero a baja presión, estabilización de la fractura y cobertura definitiva de
tejidos blandos), destacando ventanas temporales y el concepto de atención coordinada para reducir infección y
optimizar la función.
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Figura 2

Esquema de manejo actualizado de fracturas abiertas de extremidades en 2025

Flujo en escala de grises que sintetiza la secuencia operativa basada en evidencia para el manejo de fracturas abiertas:
antibióticos IV dentro de 1 hora, desbridamiento según riesgo (inmediato o ≤1224 h), irrigación con suero a baja
presión, estabilización (externa o definitiva según contexto) y cobertura definitiva temprana (≤72 h), resaltando el
concepto de atención coordinada para disminuir infección y mejorar consolidación y función.

Figura 3

Hallazgos cuantitativos clave que sustentan la ruta 2025

Resume los principales tamaños de efecto (RR/HR con IC 95%) que sustentan la ruta 2025 en fracturas abiertas: la
cobertura temprana con colgajo (≤72 h) se asocia con menor riesgo de infección, y en irrigación el suero fisiológico
muestra mejor desempeño que el jabón para reducir reintervenciones, mientras que la diferencia entre baja y alta
presión es mínima y no significativa.
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CONCLUSIONES

Esta revisión bibliográfica, actualizada hasta 2025, sostiene una idea directriz: el manejo
exitoso de las fracturas abiertas de extremidades no depende de una sola intervención aislada,
sino de la ejecución coordinada y oportuna de un proceso clínico-quirúrgico completo. Cuando
ese proceso se gestiona como una “ruta crítica” con tiempos, responsables y criterios de calidad
explícitos, se reduce el riesgo de infección, se favorece la preservación de tejidos viables, se
mejora la estabilidad mecánica y se optimiza la recuperación funcional. En la práctica, la
diferencia entre un buen resultado y un desenlace complicado no suele ser “qué se hizo”, sino
“cuándo y cómo se secuenció” lo que se hizo.

El primer eslabón clínico, los antibióticos, aparece consistentemente como una
intervención tiempo-dependiente con alto impacto. La profilaxis antibiótica intravenosa temprana
funciona como medida inicial de contención biológica y debe considerarse un indicador de
rendimiento del sistema (idealmente dentro de la primera hora). La selección debe alinearse con
el grado de lesión y el patrón de contaminación, evitando la sobreexpansión empírica prolongada.
En 2025, la lógica que domina es la precisión: cubrir lo necesario, temprano, y suspender a
tiempo, con vigilancia clínica y microbiológica cuando la evolución lo amerite. Así, el control de
infección se vuelve compatible con la realidad contemporánea de resistencia antimicrobiana y
seguridad del paciente.

El desbridamiento, por su parte, mantiene su rol como núcleo quirúrgico del control de
contaminación y de la preparación de la herida. La evidencia y guías contemporáneas reafirman
que el tiempo importa, pero de forma estratificada: existe un grupo de fracturas abiertas que exige
desbridamiento inmediato (por ejemplo, compromiso vascular o contaminación mayor), y otro
grupo en el que la prioridad es realizar un desbridamiento de alta calidad dentro de ventanas
razonables (1224 horas según riesgo), evitando retrasos injustificados. El punto clave es que
“desbridar” no significa únicamente retirar tejido; significa tomar control del campo biológico,
preservar lo viable, planificar reconstrucción y cerrar brechas logísticas desde el primer acto
quirúrgico. En ese sentido, el desbridamiento es tanto una intervención quirúrgica como una
decisión estratégica.

En irrigación, los hallazgos son especialmente valiosos por su aplicabilidad universal: los
protocolos simples y reproducibles funcionan. La evidencia apoya el uso de suero fisiológico con
baja presión o por gravedad y volúmenes ajustados a la magnitud y suciedad de la herida, sin
necesidad de prácticas agresivas o soluciones complejas que no aporten beneficio neto. Esto tiene
una implicación práctica potente: incluso en entornos con recursos limitados, se puede
estandarizar una irrigación efectiva con insumos disponibles, reduciendo variabilidad y
aumentando adherencia al protocolo.
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Respecto a la fijación, la conclusión es pragmática: la estabilidad mecánica es un medio
para lograr control de la herida, no un fin en sí mismo. La elección entre fijación temporal (por
ejemplo, fijador externo) y fijación definitiva debe guiarse por la fisiología del paciente, la
magnitud de la contaminación, el patrón de fractura y, de forma crítica, el plan de cobertura de
tejidos blandos. La evidencia sugiere que la técnica de estabilización por sí sola no “compensa”
fallas en desbridamiento o cobertura; por el contrario, la fijación debe integrarse a la secuencia
de reconstrucción, facilitando acceso a tejidos blandos y disminuyendo riesgos de complicación.
En hospitales de segundo nivel, esto refuerza un criterio operativo: estabilizar de manera segura
y transferir oportunamente cuando la capacidad reconstructiva definitiva no esté disponible.

La cobertura definitiva temprana de tejidos blandos emerge como uno de los determinantes
más influyentes en la reducción de complicaciones de herida e infección, y por extensión, en la
consolidación y la función. En 2025, el enfoque ortoplástico se consolida no como una moda
académica, sino como un estándar de calidad: coordinar desbridamiento, estabilización y
cobertura (cierre, injertos o colgajos) dentro de una ventana corta mejora el rendimiento del
proceso. La implicación organizacional es directa: la cobertura temprana no depende solo de
técnica quirúrgica, sino de agenda, coordinación interservicios y rutas de referencia. Por eso, la
“cirugía” aquí también es gestión: sin logística, no hay oportunidad, y sin oportunidad, se pagan
costos biológicos.

La novedad científica de esta revisión no está en proponer un procedimiento exótico, sino
en integrar evidencia y recomendaciones recientes en un marco operativo medible. En esencia, la
propuesta se alinea con una medicina de procesos: definir indicadores (tiempo a antibióticos,
tiempo a desbridamiento según riesgo, cumplimiento de irrigación estandarizada, estrategia de
fijación coherente con cobertura, tiempo a cobertura definitiva), auditar adherencia y corregir
cuellos de botella. Este enfoque es particularmente útil para servicios que buscan estandarizar la
atención, reducir reintervenciones y optimizar costos, sin sacrificar el juicio clínico.

Persisten, sin embargo, áreas de controversia y necesidad de investigación. Entre ellas
destacan: la optimización fina del esquema antibiótico según contaminación específica y
epidemiología local; el rol exacto y costo-efectividad de antibióticos locales como adyuvantes; la
mejor estrategia cuando la cobertura temprana no es factible por limitaciones del sistema; y la
estandarización de definiciones de infección profunda y desenlaces funcionales en estudios
futuros. Además, en la vida real, muchas decisiones ocurren en escenarios de trauma múltiple,
donde la priorización compete a equipos completos y no a una sola especialidad. Por tanto, futuras
líneas de trabajo deberían enfocarse en modelos de atención integrados, validación de bundles
clínicos, y evaluación de impacto mediante indicadores de calidad, incluyendo resultados
centrados en el paciente.

En términos prácticos, la pertinencia del trabajo radica en su capacidad de traducirse a
protocolos implementables. Para un hospital de segundo nivel, la estrategia de alto valor puede
Vol. 13/ Núm. 1 2026 pág. 2665
resumirse en tres decisiones clave: iniciar antibióticos IV de inmediato y documentar tiempos;
realizar un desbridamiento oportuno y de calidad con irrigación estandarizada y estabilización
segura; y definir desde el primer contacto si se cuenta con capacidad de cobertura definitiva
temprana o si se requiere referencia temprana a un centro con soporte reconstructivo. Esta visión
evita improvisación tardía y promueve continuidad asistencial. En otras palabras: se gana tiempo
no corriendo, sino organizándose.

En definitiva, las fracturas abiertas obligan a la medicina a actuar con precisión y con ritmo.
La evidencia hasta 2025 respalda que un abordaje estructurado, coordinado y temprano es la vía
más consistente para disminuir infección, preservar extremidad y devolver función. Cuando el
equipo clínico convierte la urgencia en proceso y el proceso en estándar, la probabilidad de éxito
deja de ser un golpe de suerte y se convierte en un resultado predecible.
Vol. 13/ Núm. 1 2026 pág. 2666
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