
Vol. 12/ Núm. 3 2025 pág. 2491
https://doi.org/10.69639/arandu.v12i3.1488
Barreras de bioseguridad y prevención de IAAS: rol
estratégico de Enfermería
Biosecurity Barriers and Healthcare-Associated Infection Prevention: The Strategic
Role of Nursing
Nery Leonel Gonzabay Teran
leogy_16_89@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0004-9010-5179
Hospital General IESS Babahoyo
Babahoyo - Ecuador
Virginia Elizabeth Zambrano Cuasquer
milenariaele@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0009-0428-1923
Hospital General del Norte de Guayaquil, IESS Ceibos
Guayaquil - Ecuador
Gregorio Alexander Coello Sánchez
g.coello@live.com
https://orcid.org/0009-0008-6051-7833
Universidad Tecnológica ECOTEC
Ecuador – Guayaquil
Mónica del Rosario Quizhpi Avila
monicaquizhpi@yahoo.es
https://orcid.org/0000-0001-7033-4880
CCQA HD SUR VALDIVIA
Guayaquil-Ecuador
Jenniffer Belen Bejarano Saraguro
jennifferbejarano24ec@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0006-1293-4566
Universidad Técnica Estatal de Quevedo
Quevedo - Ecuador
Artículo recibido: 18 julio 2025 - Aceptado para publicación: 28 agosto 2025
Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.
RESUMEN
Se tiene como objetivo el sintetizar la evidencia sobre la efectividad de las barreras de
bioseguridad en la prevención de infecciones asociadas a la atención de salud (IAAS) y delimitar
el rol de Enfermería en su implementación y sostenibilidad. Metodología: revisión narrativa con
alcances de scoping de literatura publicada entre 2015–2025 en PubMed, Scopus, Cochrane y
LILACS. Se incluyeron ensayos, estudios observacionales, guías y reportes de implementación
hospitalaria. Principales desenlaces: incidencia de IAAS (CLABSI, CAUTI, VAP, SSI),
adherencia a higiene de manos, uso correcto de EPP, cumplimiento de bundles y resultados
clínicos. Resultados: las barreras—controles de ingeniería, administrativos y equipo de protección

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personal—apoyadas por liderazgo de Enfermería, auditorías con retroalimentación, educación
continua y cultura de seguridad, se asocian consistentemente con menores IAAS, mejores
indicadores de proceso y optimización de costos y estancias. Las estrategias multimodales, el
monitoreo en tiempo real y la figura de “campeones de Enfermería” facilitan la implementación.
Entre los factores limitantes destacan la carga laboral, la disponibilidad de insumos y el diseño
ambiental. Conclusiones: Enfermería constituye el eje operacional de la bioseguridad hospitalaria.
Su liderazgo clínico-administrativo y competencias en educación, vigilancia y gestión del cambio
determinan la efectividad y sostenibilidad de las medidas, con especial relevancia en contextos
de recursos limitados. Se priorizan líneas de investigación sobre adherencia, costo-efectividad y
adaptación contextual de bundles.
Palabras clave: infección cruzada, control de infecciones, rol de enfermería, equipo de
protección personal, higiene de manos
ABSTRACT
Objective: To synthesize evidence on the effectiveness of biosafety barriers in preventing
healthcare-associated infections (HAIs) and to delineate nursing’s role in their implementation
and sustainability. Methods: Narrative scoping review of literature published between 2015–2025
in PubMed, Scopus, Cochrane, and LILACS. Trials, observational studies, guidelines, and
hospital implementation reports were included. Primary outcomes were HAI incidence (CLABSI,
CAUTI, VAP, SSI), hand hygiene adherence, correct PPE use, bundle compliance, and clinical
outcomes. Results: Engineering controls, administrative controls, and personal protective
equipment—supported by nursing leadership, audit-and-feedback, continuous education, and a
safety culture—are consistently associated with lower HAI rates, improved process indicators,
and optimization of costs and length of stay. Multimodal strategies, real-time monitoring, and
nursing “champions” facilitate implementation. Limiting factors include workload, supply
availability, and environmental design. Conclusions: Nursing is the operational backbone of
hospital biosafety. Its clinical-administrative leadership and competencies in education,
surveillance, and change management determine the effectiveness and sustainability of measures,
with particular relevance in resource-limited settings. Research priorities include adherence, cost-
effectiveness, and contextual adaptation of bundles.
Keywords: cross infection, infection control, nurse’s role, personal protective equipment,
hand hygiene
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INTRODUCCIÓN
Las infecciones asociadas a la atención en salud (IAAS) siguen siendo un reto cotidiano
para la seguridad del paciente y del personal sanitario. Más allá de las emergencias, la OMS ha
documentado que las IAAS aumentan la mortalidad, la discapacidad y los costos, y que una gran
proporción sería prevenible con programas de prevención y control de infecciones (PCI) robustos
y con servicios básicos de agua, saneamiento e higiene (WASH). Este panorama, actualizado en
2024, subraya la necesidad de fortalecer los componentes esenciales de PCI a nivel nacional e
institucional, particularmente en contextos de ingresos bajos y medios, donde la carga es mayor.
[1]
Tras el repunte observado durante la pandemia, los indicadores recientes muestran signos
de recuperación. El informe de avances 2023 del CDC (publicado en 2024) reporta descensos
anuales en CLABSI, CAUTI, eventos asociados a ventilación, MRSA y C. difficile en hospitales
de agudos, con reducciones de dos dígitos en varios de ellos respecto de 2022, medidos mediante
el standardized infection ratio (SIR). Aun así, persisten áreas con estancamiento o incrementos
puntuales (p. ej., ciertos sitios quirúrgicos), lo que obliga a sostener e intensificar las estrategias
de prevención. [2]
En este escenario, las barreras de bioseguridad —entendidas como el conjunto de medidas
que incluyen higiene de manos, uso apropiado de equipo de protección personal (EPP),
aislamiento/contacto, higiene y desinfección ambiental, y prácticas seguras en dispositivos
invasivos— constituyen la primera línea para reducir la transmisión. La OMS reafirma que los
programas de mejora de higiene de manos, aplicados con su estrategia multimodal, pueden
prevenir hasta el 50% de infecciones evitables y generar un retorno económico promedio 16 veces
el costo de implementación, argumentos que respaldan su prioridad dentro de los paquetes de
intervención. [3,4]
El rol de enfermería atraviesa transversalmente todos los componentes de PCI. La
evidencia reciente vincula los estilos de liderazgo de jefaturas de enfermería, el clima de seguridad
y el soporte organizacional con mejores resultados clínicos, incluyendo reducciones en IAAS
asociadas a dispositivos. La revisión sistemática de 2024 sugiere que el liderazgo
transformacional y auténtico, apoyado por la institución, potencia el desempeño y la satisfacción
del equipo, y se traduce en menos infecciones asociadas a catéter y urinarias, aun cuando reconoce
la necesidad de estudios experimentales de mayor calidad. [5]
La enfermería también es determinante en la adherencia a “bundles” basados en evidencia.
Actualizaciones internacionales 2024–2025 sobre prevención de bacteriemias asociadas a catéter
venoso central (CLABSI) y de infecciones urinarias asociadas a catéter (CAUTI) enfatizan
prácticas nucleares lideradas por el equipo de enfermería: técnica aséptica, listas de verificación,
mantenimiento estandarizado, auditoría y retroalimentación. En redes multicéntricas y países de

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ingresos limitados, implementar paquetes multimodales ha logrado reducciones sustanciales y
sostenidas de CLABSI (hasta 80–90% en seguimientos prolongados), reforzando que la
adherencia sistemática —más que intervenciones aisladas— marca la diferencia. [6–8]
No obstante, lograr y sostener la adherencia enfrenta barreras concretas: dotación y carga
de trabajo, rotación de personal, formación continua y retroalimentación oportuna de datos. En
2024, una iniciativa metodológica para dimensionar recursos de PCI mostró que casi 80% de los
hospitales encuestados presentaban dotaciones por debajo de lo esperado y que el déficit se
asociaba con SIR más altos en CLABSI, CAUTI, C. difficile y algunas infecciones de sitio
quirúrgico. Estos hallazgos aportan una herramienta para abogar por recursos adecuados y alinean
la gestión de personal con objetivos de seguridad del paciente. [9]
La equidad es un eje transversal. La evidencia global indica que las tasas de IAAS y el
nivel de implementación de PCI difieren marcadamente según el nivel de ingresos del país. En
cuidados intensivos, por ejemplo, la proporción de pacientes que adquieren IAAS es mayor en
entornos de ingresos bajos y medios, y la adherencia a higiene de manos históricamente ha sido
inferior, lo que hace aún más crítico el liderazgo clínico de enfermería y las estrategias adaptadas
al contexto (WASH, abastecimiento de EPP, educación in situ, mentoría y cultura justa). [1,3]
Con base en lo anterior, esta revisión bibliográfica se propone: (1) sintetizar la evidencia
más reciente sobre la efectividad de las barreras de bioseguridad en la prevención de IAAS en
distintos niveles de atención; (2) analizar el rol de enfermería —en la práctica asistencial, la
gestión y el liderazgo— como motor de adherencia a bundles y de cultura de seguridad; (3)
identificar brechas (dotación, capacitación, auditoría de procesos, WASH) y oportunidades de
mejora según contexto de recursos. Hipótesis: la implementación estandarizada y sostenida de
barreras de bioseguridad, liderada por equipos de enfermería con soporte organizacional y
dotación adecuada, se asocia con reducciones significativas de IAAS y con mejoras de procesos
(adherencia) y resultados (SIR, mortalidad y costos).
MATERIALES Y MÉTODOS
Diseñamos una revisión narrativa con alcance de mapeo (scoping) orientada a sintetizar la
evidencia reciente sobre barreras de bioseguridad para la prevención de infecciones asociadas a
la atención de salud (IAAS) y a delimitar el rol de Enfermería en su implementación, monitoreo
y sostenibilidad. Este enfoque se seleccionó por la amplitud del fenómeno —que abarca
intervenciones de distinta naturaleza, desde controles de ingeniería hasta prácticas
conductuales— y por la heterogeneidad esperada en diseños, contextos y resultados. A priori no
se planificó metaanálisis; sin embargo, se contempló la posibilidad de efectuar síntesis
cuantitativas exploratorias cuando la homogeneidad clínica, metodológica y estadística lo
permitiera.

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La estrategia de búsqueda se desarrolló de manera iterativa y calibrada por dos
investigadores con experiencia en control de infecciones y metodología de investigación. Se
consultaron bases de datos biomédicas y específicas de enfermería y salud pública: MEDLINE
(vía PubMed), CINAHL, Embase, Scopus, Cochrane Library, Web of Science Core Collection,
LILACS y SciELO. Para capturar guías, documentos técnicos y reportes de implementación, se
incluyó literatura gris de organismos normativos y de referencia (p. ej., ministerios de salud,
sociedades científicas, agencias de salud pública y organismos internacionales). Se buscaron
estudios publicados entre el 1 de enero de 2015 y el 31 de julio de 2025, con una actualización
final de la búsqueda en agosto de 2025. Se incorporaron términos controlados y palabras libres
en español, inglés y portugués, combinando operadores booleanos y truncamientos. Los
descriptores principales incluyeron, entre otros, “Cross Infection/IAAS”, “Infection Control”,
“Nurse’s Role”, “Hand Hygiene”, “Personal Protective Equipment”, “Environmental Cleaning”,
“Isolation Precautions”, “Ventilator-Associated Pneumonia”, “Central Line-Associated
Bloodstream Infection”, “Catheter-Associated Urinary Tract Infection”, “Surgical Site Infection”,
“Bundles”, “Quality Improvement” y “Patient Safety”, además de sus equivalentes DeCS y
CINAHL Headings. Para favorecer la reproducibilidad, el detalle de cadenas de búsqueda y filtros
aplicados se consignará en un anexo metodológico.
Los criterios de elegibilidad se definieron con base en la pregunta conductora: en pacientes
atendidos en hospitales o clínicas de agudos, ¿cuál es la efectividad de las barreras de
bioseguridad en la prevención de IAAS y cuál es el rol de Enfermería en su implementación y
sostenibilidad? Se incluyeron ensayos clínicos aleatorizados o cuasialeatorizados, estudios
cuasiexperimentales (series temporales interrumpidas, antes–después), cohortes y casos y
controles, así como revisiones sistemáticas y guías de práctica clínica o posicionamientos
institucionales que presentaran recomendaciones explícitas sobre barreras de bioseguridad. Se
admitieron estudios de implementación y programas de mejora de calidad cuando reportaron
resultados de proceso (p. ej., adherencia a higiene de manos, cumplimiento de bundles, uso
correcto de EPP) y/o resultados clínicos (p. ej., tasas de CLABSI, CAUTI, VAP, infecciones de
sitio quirúrgico, C. difficile, MRSA) con definiciones compatibles con estándares reconocidos.
Se excluyeron investigaciones focalizadas en ámbitos no hospitalarios (comunidad, larga estadía,
rehabilitación exclusiva), estudios centrados en otros aspectos de seguridad no vinculados a
bioseguridad (p. ej., caídas, errores de medicación, radiación), editoriales, cartas sin datos y series
de casos con menos de diez participantes, salvo que aportaran descripciones clave de
implementación en contextos de recursos limitados.
El proceso de selección se efectuó en dos fases. En la primera, dos revisores evaluaron de
manera independiente títulos y resúmenes tras la deduplicación automática y manual de
referencias en un gestor bibliográfico. Las discrepancias se resolvieron por consenso y, de
persistir, por un tercer revisor. En la segunda fase, se revisaron los textos completos de los

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registros potencialmente elegibles aplicando los criterios definidos. Para documentar la
trazabilidad de decisiones, se elaboró un diagrama de flujo PRISMA adaptado al carácter de la
revisión. Se calcularon estadísticas de acuerdo interevaluador (coeficiente kappa) en una muestra
piloto para asegurar consistencia antes del cribado a gran escala. Cuando la información clave
estuvo ausente o incompleta, se intentó contactar a los autores correspondientes.
La extracción de datos se realizó con un formulario estandarizado, pilotado y refinado tras
su aplicación a un subconjunto de estudios. Se obtuvieron características del estudio (año, país,
nivel de ingresos, tipo de institución, área clínica), diseño y tamaño muestral, población diana,
descripción de la intervención (tipo de barrera de bioseguridad, componentes, intensidad,
herramientas de apoyo como listas de verificación, educación, retroalimentación y auditorías), rol
operativo y de liderazgo de Enfermería, comparadores, duración del seguimiento y resultados
primarios y secundarios. Para los resultados de proceso se recogieron métricas de adherencia y
métodos de medición (observación directa, consumo de solución alcohólica, auditorías
electrónicas). Para los resultados clínicos se registraron definiciones operativas, unidades de
medida (tasas por 1,000 días-dispositivo, SIR) y estrategias de ajuste de riesgo. Cuando estuvo
disponible, se capturaron indicadores económicos (costos, estancias, reingresos) y efectos no
deseados (p. ej., dermatitis por EPP, fatiga por alertas).
La evaluación de la calidad metodológica y del riesgo de sesgo se ajustó al diseño de cada
estudio. Para ensayos aleatorizados se aplicó RoB 2; para estudios no aleatorizados, ROBINS-I;
en cohortes y casos y controles se utilizaron escalas de Newcastle–Ottawa; en revisiones
sistemáticas, AMSTAR 2; en guías y documentos normativos, AGREE II; y en estudios de
implementación/mejora de la calidad, la herramienta QI-MQCS. Dos revisores calificaron de
forma independiente y resolvieron discrepancias por consenso. La certeza global de la evidencia
por desenlace se resumió de manera narrativa utilizando dominios GRADE cuando la estructura
de la evidencia lo permitió. Se registraron potenciales fuentes de sesgo de publicación y, en caso
de contar con diez o más estudios homogéneos para un desenlace, se planificó la exploración de
asimetría con gráficos de embudo y pruebas estadísticas.
La síntesis se organizó por dominios conceptuales y prácticos. En primer lugar, se
describieron resultados por tipo de barrera de bioseguridad (higiene de manos, EPP, precauciones
de aislamiento, limpieza y desinfección ambiental, controles de ingeniería, controles
administrativos y capacitación). En segundo lugar, se agruparon hallazgos por tipo de IAAS
(CLABSI, CAUTI, VAP, infecciones de sitio quirúrgico y C. difficile), destacando la contribución
específica de Enfermería en la implementación y el monitoreo de bundles. En tercer lugar, se
estratificaron efectos por nivel de recursos y región geográfica, con énfasis en Latinoamérica,
para identificar intervenciones costo-efectivas y adaptaciones contextuales. Cuando existieron
suficientes datos comparables (medidas de efecto y varianzas), se contempló el uso de modelos

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de efectos aleatorios con estimación robusta de la varianza y análisis de sensibilidad por calidad
metodológica y riesgo de sesgo.
Con el propósito de reflejar de manera fiel la práctica real, se incorporaron, además de
estudios controlados, reportes de implementación y series temporales institucionales con
seguimiento longitudinal, siempre que emplearan definiciones estandarizadas y sistemas de
vigilancia reconocidos. Se dio prioridad a estudios que documentaran el componente de liderazgo
de Enfermería, la auditoría con retroalimentación, la figura de “campeones” clínicos, el uso de
datos en tiempo real y la cultura de seguridad, así como a aquellos que reportaran intervenciones
multimodales en entornos de recursos limitados, donde las barreras estructurales (dotación,
abastecimiento de insumos, infraestructura WASH) condicionan la efectividad de las medidas.
No se requirió aprobación ética por tratarse de una revisión de literatura publicada y de
documentos de acceso público; no obstante, se observaron principios de integridad científica y
transparencia en la metodología. El protocolo con los criterios de elegibilidad, la estrategia de
búsqueda y el plan de síntesis fue redactado antes del inicio del cribado y puede ponerse a
disposición como material complementario. Para facilitar la trazabilidad y la replicabilidad, se
conservaron bases de datos con las decisiones de inclusión/exclusión, plantillas de extracción y
matrices de síntesis. Finalmente, de identificarse lagunas relevantes —por ejemplo, ausencia de
estudios en ciertos niveles de atención o falta de estimaciones económicas— se propondrán líneas
de investigación aplicadas y marcos de implementación específicos para Enfermería.
En conjunto, este abordaje metodológico busca equilibrar rigor y aplicabilidad, ofreciendo
una lectura integrada de la efectividad de las barreras de bioseguridad y del papel operativo y de
liderazgo de Enfermería, con especial atención a la diversidad de contextos y a las necesidades
de toma de decisiones en servicios de salud que enfrentan presiones asistenciales y limitaciones
de recursos.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los hallazgos de la literatura reciente convergen en una conclusión sólida: las barreras de
bioseguridad —entendidas como un entramado de medidas que combinan controles de ingeniería,
controles administrativos, higiene de manos, uso correcto de equipo de protección personal (EPP),
precauciones de aislamiento y limpieza/desinfección ambiental— son efectivas para reducir las
infecciones asociadas a la atención en salud (IAAS) cuando se implementan de manera
estandarizada, multimodal y sostenida en el tiempo. Más allá del “qué” hacer, los estudios
coinciden en resaltar el “cómo” hacerlo: la adherencia mejora cuando Enfermería lidera la
ejecución a pie de cama, audita procesos con retroalimentación oportuna, dispone de insumos
adecuados y trabaja en una cultura de seguridad que prioriza la prevención sobre la reacción.
En el dominio de la higiene de manos, la estrategia multimodal propuesta por organismos
internacionales se mantiene como eje rector. Los reportes de implementación muestran que las

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campañas aisladas producen mejoras transitorias, mientras que los programas integrales con
formación continua, recordatorios visibles, observación estructurada, medición de consumo de
soluciones alcohólicas y devolución de datos en tiempo real consiguen incrementos sostenidos de
la adherencia. Se ha observado que estos aumentos se traducen en descensos paralelos de IAAS
asociadas a dispositivos, particularmente bacteriemias relacionadas con catéter venoso central
(CLABSI) y neumonía asociada a ventilación mecánica (VAP). La presencia de “campeones” de
Enfermería y de rondas de seguridad clínicas facilita que las buenas prácticas se mantengan
cuando la presión asistencial crece y la rotación de personal desafía la continuidad.
El uso correcto del EPP emerge como otro pilar con resultados consistentes. Las
intervenciones que combinan entrenamiento práctico en colocación y retirada (donning/doffing),
listas de verificación y observadores entrenados reducen la autoinoculación y los fallos en los
pasos críticos. En contextos de recursos limitados, la disponibilidad intermitente de EPP obliga a
priorizar riesgo según procedimiento y vía de transmisión, y a reforzar la conducta profesional
para evitar sustituciones improvisadas que comprometan la seguridad. Donde el abastecimiento
es estable, las tasas de error descienden notablemente cuando la práctica se integra a micro-pausas
de verificación en equipo y a simulaciones de bajo costo que replican escenarios de alto riesgo,
como aislamientos por patógenos multirresistentes.
Las precauciones de aislamiento y la higiene ambiental muestran impacto cuando las
definiciones son claras y se aplican sin ambigüedades. Los paquetes que estandarizan cuándo y
cómo indicar aislamiento de contacto/gotas/aéreo, junto con protocolos de limpieza de superficies
de alto contacto y la validación de procesos (p. ej., pruebas de marcadores fluorescentes o ATP),
logran reducciones mensurables de contaminación ambiental y, en cascada, de IAAS. La
evidencia sugiere que la frecuencia de limpieza y la calidad del proceso importan tanto como el
desinfectante seleccionado; Enfermería tiene un rol clave en la coordinación con servicios de
higiene, la verificación de cumplimiento y la educación al paciente y familia para sostener
prácticas seguras durante la hospitalización.
En los bundles específicos por tipo de IAAS, la síntesis es sólida. Para CLABSI, la técnica
estéril máxima durante la inserción, la antisepsia con clorhexidina alcohólica, el uso de campos
completos y el mantenimiento estandarizado del sitio con curaciones programadas y evaluación
diaria de necesidad se asocian con descensos pronunciados de las tasas. La enfermería de enlace
que monitorea la integridad de los apósitos, el tiempo desde la última curación y la induración o
exudado en el punto de inserción, actúa como barrera temprana frente a colonización y
bacteriemia. En CAUTI, la clave está en restringir la indicación, asegurar una inserción aséptica,
mantener sistemas cerrados y retirar el catéter en cuanto la indicación cese; los programas con
“recordatorios” electrónicos o tarjetas a la cabecera aumentan las retiradas oportunas y reducen
días-catéter, con efecto directo en el denominador de riesgo. En VAP, los paquetes que incluyen
elevación de la cabecera, higiene oral estandarizada, interrupciones diarias de sedación,