
Vol. 13/ Núm. 1 2026 pág. 3634
https://doi.org/10.69639/arandu.v13i1.2140
Intervenciones de enfermería en protocolos ERAS: efectos
sobre complicaciones, dolor y estancia hospitalaria
Nursing Interventions in ERAS Protocols: Effects on Complications, Pain, and Length
of Hospital Stay
Ylenia Ivelise Viscarra Beltrán
lcdayleniaviscarra@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0006-8239-3945
Universidad Católica de Santiago de Guayaquil
Guayaquil – Ecuador
Andrea Lisette Amores Vargas
andrealisette.feb1621@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0000-5285-2473
Universidad Católica de Santiago de Guayaquil
Guayaquil – Ecuador
Jesús Orlando Navarrete Baidal
orlandojesus031291@gmail.com
https://orcid.org/0009-0007-9283-1440
Hospital Teodoro Maldonado Carbo
Guayaquil – Ecuador
José Luis Lucio Páez
j_luisluciopaez@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0003-9993-9260
Universidad Estatal de Guayaquil
Guayaquil – Ecuador
Artículo recibido: 18 febrero 2026-Aceptado para publicación: 20 marzo 2026
Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.
RESUMEN
Los protocolos de recuperación mejorada después de la cirugía (ERAS) han transformado el
cuidado perioperatorio al integrar intervenciones basadas en evidencia orientadas a disminuir la
respuesta al estrés quirúrgico y acelerar la recuperación funcional. La presente revisión
bibliográfica analiza el papel de las intervenciones de enfermería dentro de ERAS y su efecto
sobre las complicaciones posoperatorias, el dolor y la estancia hospitalaria. La evidencia reciente
muestra que la enfermería constituye un eje operativo del protocolo mediante educación
preoperatoria, reducción del ayuno, preparación nutricional, vigilancia de la analgesia
multimodal, prevención de náuseas y vómitos, movilización temprana, inicio precoz de la vía
oral, retiro oportuno de sondas y drenajes, y refuerzo de la adherencia del paciente. En conjunto,
estas acciones se asocian con menor incidencia de complicaciones, mejor control del dolor, menor
consumo de opioides y reducción significativa de la estancia hospitalaria, sin incremento
consistente de la mortalidad ni de los reingresos. Asimismo, la adherencia al protocolo y la

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capacitación del equipo condicionan gran parte de los resultados clínicos. Se concluye que las
intervenciones de enfermería en ERAS no solo complementan el manejo multidisciplinario, sino
que representan un componente estratégico para optimizar la seguridad, la recuperación y la
eficiencia hospitalaria en el paciente quirúrgico.
Palabras clave: protocolos ERAS, enfermería perioperatoria, complicaciones
posoperatorias, dolor posoperatorio, estancia hospitalaria
ABSTRACT
Enhanced Recovery After Surgery (ERAS) protocols have reshaped perioperative care by
integrating evidence-based interventions aimed at reducing surgical stress and accelerating
functional recovery. This bibliographic review examines the role of nursing interventions within
ERAS pathways and their effects on postoperative complications, pain, and length of hospital
stay. Recent evidence shows that nursing plays a central operational role through preoperative
education, reduced fasting, nutritional optimization, monitoring of multimodal analgesia,
prevention of nausea and vomiting, early mobilization, early oral intake, timely removal of drains
and catheters, and reinforcement of patient adherence. Collectively, these actions are associated
with lower complication rates, improved pain control, reduced opioid consumption, and
significantly shorter hospital stay, without a consistent increase in mortality or readmission. In
addition, protocol adherence and staff training appear to be major determinants of clinical benefit.
It is concluded that nursing interventions within ERAS pathways do not merely support
multidisciplinary care, but function as a strategic component for improving safety, recovery, and
hospital efficiency in surgical patients.
Keywords: ERAS protocols, perioperative nursing, postoperative complications,
postoperative pain, length of hospital stay
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INTRODUCCIÓN
La atención perioperatoria contemporánea ha dejado de concebir la recuperación
posquirúrgica como un trayecto pasivo, prolongado y dominado por la inercia del “reposo”
hospitalario. En su lugar, los protocolos de recuperación mejorada después de la cirugía
(Enhanced Recovery After Surgery, ERAS) han consolidado un modelo multimodal, estructurado
y basado en evidencia que busca disminuir la respuesta neuroendocrina al trauma quirúrgico,
preservar la función orgánica y acelerar la recuperación clínica sin sacrificar seguridad. Su
relevancia es evidente en un escenario donde la cirugía continúa representando una carga
importante para los sistemas sanitarios y donde las complicaciones posoperatorias prolongan la
estancia, aumentan costos y deterioran la experiencia del paciente. La evidencia reciente,
incluyendo una gran metanálisis de ensayos clínicos aleatorizados, confirma que la adopción de
ERAS se asocia con menor estancia hospitalaria y menor tasa de complicaciones, lo que ha
impulsado su expansión a múltiples especialidades quirúrgicas y su consolidación como estándar
organizativo del cuidado perioperatorio.
Dentro de este cambio de paradigma, ERAS no debe entenderse como una suma aislada de
órdenes médicas, sino como una ruta clínica integrada que conecta evaluación preoperatoria,
preparación metabólica, analgesia multimodal, movilización precoz, reinicio temprano de la vía
oral, prevención del íleo y alta segura. Las actualizaciones recientes de la ERAS Society,
especialmente en cirugía colorrectal, mantienen como pilares la alimentación oral temprana, la
prevención multimodal del íleo, la reducción del ayuno innecesario y estrategias analgésicas que
limiten la exposición a opioides. Estos elementos no producen su efecto por simple prescripción:
requieren ejecución sistemática, vigilancia continua, educación al paciente y coordinación fina
entre disciplinas. Allí aparece con claridad la enfermería, no como acompañante periférico del
proceso, sino como el engranaje que transforma una recomendación escrita en una intervención
real, medible y sostenida a la cabecera del paciente.
La enfermería ocupa una posición estratégica en ERAS porque es el profesional que
mantiene mayor continuidad a lo largo de la trayectoria perioperatoria. Desde la fase
preoperatoria, interviene en la educación del paciente y su familia, corrige expectativas erróneas,
refuerza la reducción del ayuno, participa en la preparación nutricional y favorece la adherencia
a medidas activas como la movilización y la respiración dirigida. En el postoperatorio inmediato,
monitoriza dolor, náuseas, tolerancia oral, funcionalidad intestinal, retiro de dispositivos,
deambulación, seguridad y preparación para el egreso. Un estudio multicéntrico reciente sobre
adherencia a ERAS mostró que la comprensión del paciente, sus actitudes frente al protocolo y el
soporte social influyen de forma decisiva sobre el cumplimiento, lo que subraya el peso de la
educación y del acompañamiento clínico. Del mismo modo, programas formativos dirigidos al
personal de enfermería han demostrado mejorar competencias, conocimientos y habilidades

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necesarias para implementar ERAS con mayor consistencia, un detalle nada menor cuando la
calidad del protocolo depende tanto de su diseño como de su ejecución cotidiana.
La literatura de los dos últimos años ha fortalecido esta relación entre intervenciones de
enfermería y resultados clínicos. En 2024, una metanálisis publicada en JAMA Network Open,
que reunió 74 ensayos clínicos aleatorizados y 9.076 participantes, mostró que los programas
ERAS redujeron la estancia hospitalaria en 1,88 días y disminuyeron el riesgo de complicaciones,
sin diferencias significativas en mortalidad o reingresos. Más cerca del campo específicamente
enfermero, una revisión sistemática y metanálisis de 2025 en pacientes sometidos a colectomía
laparoscópica concluyó que la enfermería ERAS acorta la estancia, reduce complicaciones y
favorece la recuperación gastrointestinal, aunque el efecto sobre reingreso sigue siendo menos
concluyente. En la misma línea, estudios recientes en cirugía de columna mínimamente invasiva
y cirugía ginecológica oncológica mostraron menor dolor posoperatorio, menor consumo de
opioides, recuperación más rápida y menos estancia hospitalaria cuando la atención perioperatoria
se estructuró con intervenciones de enfermería alineadas a ERAS. En otras palabras, el beneficio
clínico no parece depender únicamente del protocolo como documento, sino del modo en que las
intervenciones son ejecutadas, reforzadas y auditadas en el terreno asistencial.
Sin embargo, el horizonte no es completamente uniforme. La implementación de ERAS
aún enfrenta heterogeneidad entre centros, especialidades y equipos, y una de las razones más
repetidas es la variabilidad en la adherencia. El estudio multicéntrico de 2025 en China reportó
una adherencia global de 71,5%, con mejor cumplimiento en la evitación del ayuno prolongado
y uso de antibiótico profiláctico, pero menor en la carga preoperatoria de carbohidratos y la
prevención de trombosis venosa profunda. Además, investigaciones recientes sobre movilización
dentro de rutas ERAS han mostrado que una proporción importante de pacientes no alcanza las
metas diarias recomendadas, a pesar de que la movilización temprana es uno de los núcleos
fisiológicos del protocolo. A esto se suman barreras reconocidas por las propias enfermeras:
escasez de personal, resistencia al cambio, fragmentación interdepartamental y dificultades para
sostener auditorías y retroalimentación permanentes. El problema, por tanto, no es solo conocer
ERAS, sino lograr que sus elementos se cumplan con disciplina operacional. Y en ese punto, la
enfermería vuelve a situarse en la primera línea del éxito o del fracaso del modelo.
En este contexto, revisar críticamente las intervenciones de enfermería dentro de los
protocolos ERAS resulta pertinente tanto desde la práctica clínica como desde la gestión
hospitalaria. No se trata únicamente de demostrar que ERAS funciona, algo ya ampliamente
sugerido por la evidencia reciente, sino de precisar cómo la enfermería contribuye a ese efecto y
cuáles son los mecanismos asistenciales que impactan con mayor fuerza sobre las complicaciones,
el dolor y la estancia hospitalaria. Esta revisión bibliográfica se propone analizar la evidencia
actual sobre el papel de las intervenciones de enfermería en los protocolos ERAS, identificando
sus principales componentes, su fundamento clínico y su efecto sobre los desenlaces

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posoperatorios más relevantes. Como premisa de trabajo, se plantea que una implementación de
ERAS con fuerte liderazgo enfermero, alta adherencia y educación estructurada del paciente se
asocia con mejores resultados clínicos y con una recuperación más segura, más corta y eficiente.
MATERIALES Y MÉTODOS
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa con enfoque cualitativo-descriptivo,
orientada a sintetizar la evidencia científica reciente sobre las intervenciones de enfermería
integradas en protocolos ERAS y su efecto sobre complicaciones posoperatorias, dolor y estancia
hospitalaria. La organización metodológica de la búsqueda, selección y presentación de la
evidencia tomó como referencia los principios de la declaración PRISMA 2020 para revisiones,
especialmente en lo relativo a identificación, cribado, elegibilidad y síntesis de los estudios,
aunque por la heterogeneidad clínica y metodológica de los artículos incluidos no se planteó
metanálisis.
La búsqueda bibliográfica se desarrolló en bases de datos biomédicas y de enfermería de
amplia utilización académica: PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, CINAHL,
ScienceDirect y Google Scholar. Se priorizó literatura publicada entre enero de 2024 y marzo de
2026, con el propósito de incluir evidencia contemporánea, actualizaciones de guías y estudios
recientes relacionados con la implementación perioperatoria de ERAS. Para la estrategia de
búsqueda se emplearon términos en inglés y español, combinados mediante operadores booleanos
AND y OR, entre ellos: “Enhanced Recovery After Surgery”, “ERAS”, “nursing interventions”,
“perioperative nursing”, “postoperative complications”, “postoperative pain”, “length of stay”,
“hospital stay”, “intervenciones de enfermería”, “dolor posoperatorio”, “complicaciones” y
“estancia hospitalaria”. Asimismo, se utilizaron combinaciones dirigidas para mejorar la
precisión, tales como “ERAS AND nursing AND complications”, “ERAS AND postoperative
pain”, y “ERAS AND length of stay”. Para reforzar la pertinencia clínica, se revisaron además
documentos de consenso y recomendaciones recientes de la ERAS Society, en particular aquellos
relacionados con la atención perioperatoria y la recuperación multimodal.
Los criterios de inclusión consideraron artículos originales, revisiones sistemáticas,
metanálisis, estudios observacionales, cohortes retrospectivas, guías clínicas y documentos de
consenso publicados en revistas indexadas y sometidas a revisión por pares, con texto completo
disponible en inglés o español. Se incluyeron investigaciones realizadas en población quirúrgica
adulta o en contextos quirúrgicos mixtos cuando las intervenciones de enfermería estuvieran
claramente descritas y vinculadas a desenlaces clínicos de interés. Se exigió que los estudios
abordaran al menos uno de los siguientes resultados: complicaciones posoperatorias, dolor
posoperatorio, requerimiento analgésico, consumo de opioides, recuperación funcional o estancia
hospitalaria. Se excluyeron editoriales, cartas al editor, resúmenes de congresos sin desarrollo
metodológico suficiente, reportes de caso aislados, artículos duplicados, publicaciones fuera del

Vol. 13/ Núm. 1 2026 pág. 3639
período establecido y estudios en los que el componente de enfermería no pudiera diferenciarse
con claridad dentro del protocolo ERAS. La selección de los documentos se efectuó en tres etapas.
En una primera fase se identificaron los registros potencialmente relevantes a partir de la
estrategia de búsqueda previamente descrita; posteriormente se eliminaron duplicados. En la
segunda fase se revisaron títulos y resúmenes para valorar su pertinencia temática. En la tercera
fase se realizó lectura crítica a texto completo de los artículos elegibles, con énfasis en el diseño
del estudio, calidad metodológica, población quirúrgica, tipo de intervención de enfermería,
adherencia al protocolo ERAS y resultados clínicos reportados. Se dio prioridad a estudios con
mayor robustez metodológica, mejor claridad en la descripción de los componentes del protocolo
y mayor aplicabilidad clínica para el objetivo de esta revisión. Además, se consideró de especial
valor la literatura proveniente de guías actualizadas, metanálisis y estudios multicéntricos.
Para la extracción y organización de la información se diseñó una matriz de análisis que
incluyó: autor y año de publicación, país o contexto de desarrollo, tipo de estudio, población
intervenida, especialidad quirúrgica, componentes del protocolo ERAS, intervenciones
específicas de enfermería, desenlaces clínicos evaluados y principales conclusiones. La síntesis
de la evidencia se realizó de forma narrativa y temática, agrupando los hallazgos en tres ejes
centrales: a) intervenciones de enfermería orientadas a la reducción de complicaciones, b)
estrategias de control del dolor y disminución del uso de opioides, y c) acciones asociadas con la
reducción de la estancia hospitalaria y aceleración de la recuperación funcional. Esta modalidad
de síntesis permitió integrar estudios con diseños diferentes y contextos quirúrgicos diversos,
manteniendo coherencia con el objetivo de identificar el papel clínico y organizacional de la
enfermería dentro de ERAS. Por tratarse de una investigación documental basada exclusivamente
en fuentes secundarias de acceso científico, no fue necesaria la participación directa de pacientes
ni la aplicación de consentimiento informado.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La revisión bibliográfica evidenció una tendencia consistente a favor de los protocolos
ERAS cuando las intervenciones de enfermería forman parte activa, estructurada y verificable del
proceso perioperatorio. En términos globales, la evidencia reciente muestra que ERAS no solo
mejora la recuperación del paciente quirúrgico, sino que además reduce la estancia hospitalaria y
la frecuencia de complicaciones posoperatorias. La metanálisis de JAMA Network Open, que
integró 74 ensayos clínicos aleatorizados con 9.076 participantes, reportó una reducción media
de 1,88 días en la estancia hospitalaria y una disminución significativa del riesgo de
complicaciones en el grupo ERAS, mientras que la mortalidad y el reingreso no mostraron
diferencias consistentes. Este hallazgo es relevante porque confirma que la recuperación mejorada
tiene impacto clínico tangible y que su beneficio principal se concentra en desenlaces funcionales

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y de seguridad temprana, precisamente aquellos en los que la enfermería tiene mayor capacidad
de intervención continua.
Al revisar estudios más cercanos al componente enfermero, la misma dirección se mantuvo.
En colectomía laparoscópica, una revisión sistemática y metanálisis de 2025 mostró que la
enfermería ERAS acorta la estancia hospitalaria, reduce complicaciones y acelera la recuperación
gastrointestinal, aunque sin demostrar con la misma solidez una reducción del reingreso. En
cirugía de columna mínimamente invasiva, otro estudio de 2025 documentó una estancia menor
en el grupo ERAS frente al manejo convencional (3,2 vs. 4 días), además de menor uso de
opioides y reducción del drenaje posoperatorio. De forma parecida, en contextos de cirugía
oncológica ginecológica y de tumores gastrointestinales tempranos, las intervenciones basadas en
ERAS mejoraron recuperación, satisfacción y calidad de vida, con menos complicaciones y alta
más temprana. Estos resultados sugieren que el efecto beneficioso del protocolo no es exclusivo
de una sola especialidad, sino que atraviesa distintos escenarios quirúrgicos cuando existe
adherencia operativa a sus componentes esenciales. En relación con el dolor posoperatorio, los
hallazgos fueron particularmente sólidos. La literatura reciente coincide en que las intervenciones
de enfermería articuladas dentro de ERAS favorecen un mejor control analgésico, disminuyen el
requerimiento de opioides y facilitan la movilización temprana. En cirugía por cáncer cervical, la
vía de enfermería perioperatoria basada en ERAS mejoró el control del dolor, redujo la
dependencia de opioides y reforzó el uso de estrategias multimodales y no farmacológicas. En
cirugía espinal mínimamente invasiva también se observaron menores puntuaciones de dolor en
los primeros días y menor proporción de pacientes que necesitaron opioides en comparación con
la atención convencional. Estos resultados tienen una lectura clínica potente: el dolor deja de ser
un desenlace aislado para convertirse en una variable bisagra que condiciona respiración efectiva,
deambulación, tolerancia oral, funcionalidad intestinal y, en última instancia, posibilidad de
egreso seguro. Desde esa perspectiva, la enfermería no solo “vigila” el dolor, sino que lo gestiona
como factor determinante del curso posoperatorio.
Al analizar qué intervenciones parecen explicar estos beneficios, emergen con claridad
varios núcleos de acción enfermera. La educación preoperatoria mejora comprensión,
expectativas y adherencia; la disminución del ayuno prolongado y la preparación nutricional
reducen catabolismo y favorecen estabilidad metabólica; la movilización temprana y el inicio
precoz de la vía oral ayudan a prevenir íleo, trombosis y desacondicionamiento; el retiro oportuno
de sondas, drenajes y catéteres favorece autonomía, confort y reducción del riesgo infeccioso; y
la monitorización sistemática del dolor, las náuseas, la función intestinal y la tolerancia al esfuerzo
permite detectar desviaciones antes de que se conviertan en complicaciones mayores. La guía
ERAS Society 2025 para cirugía colorrectal vuelve a destacar la alimentación oral temprana y la
prevención multimodal del íleo, mientras que estudios recientes de adherencia muestran que
muchos de estos componentes dependen de acompañamiento educativo y refuerzo diario por parte

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del personal de enfermería. El mensaje de fondo es claro: el protocolo funciona mejor cuando la
enfermería consigue traducirlo en conducta clínica repetible.
Un hallazgo igualmente importante de esta revisión fue que la efectividad de ERAS no
depende únicamente del contenido del protocolo, sino de su cumplimiento real. El estudio
multicéntrico de 2025 sobre adherencia mostró un cumplimiento global de 71,5%, con mejores
resultados en la reducción del ayuno y la profilaxis antibiótica, pero menor implementación en
carga preoperatoria de carbohidratos y prevención de trombosis venosa profunda. A esto se suma
que la movilización, uno de los pilares más repetidos de ERAS, todavía está lejos de alcanzarse
de manera homogénea; investigaciones recientes en cirugía colorrectal han señalado que una
proporción considerable de pacientes no cumple las metas diarias esperadas. Desde la experiencia
de enfermería, los principales obstáculos descritos incluyen déficit de personal, fragmentación
entre servicios, resistencia al cambio y dificultades para sostener auditorías internas.
En otras palabras, el principal enemigo de ERAS no parece ser la falta de teoría, sino la
brecha entre la recomendación y la práctica. Allí la enfermería vuelve a ocupar el centro del
tablero, porque su liderazgo puede convertir un bundle en una cultura asistencial. Desde la
discusión crítica, uno de los aspectos más novedosos de esta revisión es que desplaza el foco
desde “ERAS como protocolo” hacia “enfermería como mecanismo de efectividad del protocolo”.
La literatura clásica ya había demostrado beneficios generales de ERAS, pero los estudios más
recientes permiten apreciar con mayor nitidez que la educación, la monitorización, la
movilización y la gestión diaria de la adherencia no son tareas accesorias, sino variables
determinantes del resultado final. Al mismo tiempo, persisten elementos controversiales. La
reducción del reingreso y de la mortalidad no ha sido consistente, y algunos estudios muestran
que las mayores ventajas se concentran en dolor, estancia, consumo de opioides y recuperación
funcional, más que en eventos duros de baja frecuencia. También existe heterogeneidad entre
especialidades, definiciones operativas de adherencia y composición de los bundles, lo que
dificulta comparar magnitudes de efecto entre estudios. Sin embargo, esta heterogeneidad no
invalida el modelo; más bien revela que la próxima fase de investigación debe centrarse en
estandarizar componentes, medir cumplimiento con mayor precisión y diferenciar cuáles
intervenciones enfermeras tienen mayor peso en cada tipo de cirugía.
En términos de aplicación práctica, la pertinencia de estos hallazgos es alta para hospitales
que buscan disminuir complicaciones evitables, optimizar camas y fortalecer calidad asistencial.
Implementar ERAS sin una ruta enfermera clara equivale a lanzar un protocolo con las ruedas
flojas: avanza, pero no con toda su potencia. La evidencia revisada respalda la necesidad de
capacitar al personal, protocolizar educación al paciente, definir metas diarias de movilización y
tolerancia oral, monitorizar analgesia multimodal y establecer auditorías de adherencia como
parte del proceso institucional. Desde la perspectiva teórica, esta revisión también refuerza una
línea de investigación centrada en seguridad del paciente, recuperación funcional y cuidado

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perioperatorio basado en evidencia. Desde la perspectiva prospectiva, abre la puerta a estudios
que comparen intervenciones enfermeras específicas, midan resultados por especialidad
quirúrgica y evalúen modelos de implementación en hospitales de recursos intermedios. El
balance final es firme: cuando la enfermería lidera la ejecución clínica de ERAS, el protocolo deja
de ser un ideal académico y se convierte en una herramienta real de recuperación, eficiencia y
seguridad.
Figura 1
Impacto de ERAS sobre la estancia hospitalaria
Gráfico comparativo entre cuidado convencional y ERAS en tres escenarios quirúrgicos recientes. La lectura visual
deja claro que la aplicación del protocolo se asocia con menor estancia hospitalaria y, por tanto, con recuperación
más eficiente y mejor rotación de cama
Figura 2
Reducción del requerimiento de opioides en pacientes con ERAS
Centrado en el consumo de opioides, mostrando menor necesidad analgésica en el grupo ERAS frente al manejo
convencional. Es útil para sostener el eje de control del dolor y recuperación más limpia, con menos dependencia de
opioides.

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Figura 3
Adherencia a componentes clave del protocolo ERAS
Orientado a la ejecución del protocolo. Resume qué componentes suelen alcanzar mejor cumplimiento y cuáles siguen
siendo más débiles, lo cual sirve mucho para discutir implementación real, brechas operativas y oportunidades de
mejora del equipo de enfermería.
CONCLUSIONES
La presente revisión bibliográfica permite concluir que las intervenciones de enfermería
integradas en los protocolos ERAS constituyen un componente decisivo del cuidado
perioperatorio contemporáneo y no un elemento accesorio del trabajo multidisciplinario. La
evidencia reciente muestra de manera consistente que, cuando la enfermería participa de forma
estructurada en la educación preoperatoria, la reducción del ayuno innecesario, la preparación
nutricional, la analgesia multimodal, la movilización temprana, el inicio precoz de la vía oral, el
retiro oportuno de dispositivos y la vigilancia continua de la adherencia, los pacientes presentan
mejor recuperación clínica, menor dolor, menor exposición a opioides y reducción de la estancia
hospitalaria. En consecuencia, el papel de enfermería dentro de ERAS debe entenderse como un
eje de ejecución clínica capaz de transformar recomendaciones protocolizadas en resultados
tangibles de seguridad y eficiencia hospitalaria.
Con relación al objetivo central de este trabajo, los hallazgos permiten afirmar que las
intervenciones de enfermería en protocolos ERAS sí se asocian con efectos favorables sobre las
complicaciones posoperatorias, el control del dolor y la estancia hospitalaria. La reducción de
complicaciones y días de hospitalización observada en metanálisis recientes, junto con los
beneficios descritos en estudios de cirugía colorrectal, espinal, ginecológica y cardíaca, refuerza
la idea de que la recuperación mejorada no depende únicamente de la técnica quirúrgica o
anestésica, sino también de la calidad del acompañamiento clínico en el perioperatorio. De manera

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especial, el control del dolor aparece como una variable de alta sensibilidad al trabajo enfermero,
ya que su adecuada gestión favorece movilización, rehabilitación, mejor tolerancia oral y
recuperación funcional más rápida. Esto otorga a la enfermería una posición estratégica en la
modulación del curso posoperatorio temprano y en la disminución de desenlaces que prolongan
la permanencia hospitalaria.
Otro punto de cierre importante es que la revisión no solo confirma la utilidad clínica de
ERAS, sino que precisa mejor dónde radica su fuerza operativa. El protocolo funciona cuando se
cumple, y se debilita cuando la adherencia es parcial, irregular o simbólica. En ese sentido, la
revisión demuestra que una parte sustancial del valor de ERAS depende del liderazgo enfermero
en la implementación cotidiana, la educación al paciente, la monitorización continua y la auditoría
informal o formal de cada componente del protocolo. Allí reside una de las contribuciones más
valiosas de este trabajo: desplazar la discusión desde el protocolo como documento hacia la
ejecución clínica como verdadero determinante del resultado. El paciente no mejora porque exista
una guía escrita, sino porque alguien la convierte en acciones reproducibles a la cabecera. Y en
ese terreno, la enfermería ocupa un lugar central, probablemente más importante de lo que durante
años se le reconoció en la literatura tradicional de recuperación posquirúrgica.
No obstante, también es necesario señalar que los beneficios de ERAS no se expresan con
la misma magnitud en todos los desenlaces. La evidencia revisada muestra resultados más
consistentes en reducción de estancia, dolor, consumo de opioides y complicaciones tempranas
que en mortalidad o reingresos. Esta diferencia no debe interpretarse como una debilidad del
modelo, sino como una consecuencia lógica de la naturaleza de los desenlaces evaluados. La
mortalidad y ciertos eventos mayores dependen de múltiples factores clínicos, quirúrgicos y
contextuales, mientras que la movilización, la función intestinal, el dolor y la autonomía funcional
son variables más directamente influenciables por el cuidado perioperatorio protocolizado.
Asimismo, la heterogeneidad entre especialidades, la diversidad de bundles utilizados, las
diferencias en recursos hospitalarios y la calidad variable de la adherencia explican por qué
algunos estudios muestran mayores beneficios que otros. Por ello, las conclusiones de esta
revisión deben asumirse con criterio clínico: el efecto global es favorable, pero su magnitud real
depende del contexto donde el protocolo se implementa.
Desde el punto de vista práctico, esta revisión respalda la incorporación de rutas enfermeras
explícitas dentro de cualquier programa ERAS institucional. No basta con adoptar un protocolo a
nivel médico o anestésico; es indispensable traducirlo en indicadores de proceso, metas diarias,
educación estructurada al paciente, seguimiento de dolor, tolerancia oral, deambulación, retiro de
catéteres y verificación de adherencia. Para hospitales que buscan mejorar calidad asistencial,
optimizar recursos, disminuir ocupación prolongada de camas y reducir complicaciones evitables,
fortalecer la dimensión enfermera de ERAS no es un lujo académico, sino una decisión
estratégica. Además, los hallazgos sugieren que la formación continua del personal y la

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estandarización de prácticas pueden convertirse en multiplicadores de impacto, especialmente en
instituciones donde las limitaciones de tiempo, personal o cultura organizacional dificultan la
implementación homogénea de protocolos complejos.
En el plano científico, este trabajo se vincula de forma directa con las líneas de
investigación relacionadas con seguridad del paciente, calidad del cuidado, recuperación
funcional y gestión perioperatoria basada en evidencia. Su pertinencia radica en que ayuda a
ordenar un campo que muchas veces ha sido narrado desde la cirugía o la anestesia, dejando en
segundo plano la contribución enfermera. Al reunir evidencia reciente sobre complicaciones,
dolor y estancia hospitalaria, la revisión aporta una visión más integrada y útil para comprender
que la recuperación mejorada es, en esencia, una coreografía clínica donde el éxito depende de la
precisión del equipo completo, pero donde la enfermería sostiene el ritmo diario del proceso. Esta
perspectiva abre oportunidades para futuras investigaciones comparativas entre especialidades,
para estudios centrados en componentes enfermeros específicos y para el desarrollo de modelos
de implementación adaptados a hospitales de recursos intermedios o contextos latinoamericanos,
donde la optimización del cuidado y del tiempo de hospitalización tiene valor clínico y también
valor sistémico.
En definitiva, la revisión permite sostener que las intervenciones de enfermería dentro de
los protocolos ERAS mejoran la experiencia del paciente quirúrgico, fortalecen la seguridad del
proceso asistencial y contribuyen de manera concreta a una recuperación más rápida, menos
dolorosa y más eficiente. El mensaje final es nítido: ERAS alcanza su máximo potencial cuando
la enfermería deja de ser vista como apoyo logístico y se reconoce como arquitectura viva de la
recuperación posoperatoria. Ese es, probablemente, el punto más sólido y con mayor proyección
práctica que deja este trabajo.

Vol. 13/ Núm. 1 2026 pág. 3646
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