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https://doi.org/
10.69639/arandu.v13i1.1971
Gestión de mermas en cadena de suministros para pequeños
agricultores de la provincia de Santa Elena, 2025

Supply chain loss management for small farmers in the province of Santa Elena, 2025

Frixon Guhider Solano Torres

solanotorresfrixon@gmail.com

https://orcid.org/0009
-0008-5596-9923
Universidad Estatal Península de Santa Elena

Ecuador
Santa Elena
Jacqueline del Rocío Bacilio Bejeguen

jbacilio@upse.edu.ec

https://orcid.org/0000
-0002-7071-1129
Universidad Estatal Península de Santa Elena

Ecuador Santa Elena

Artículo recibido: 10 diciembre 2025 -Aceptado para publicación: 18 enero 2026

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

El estudio determina la magnitud de las pérdidas de productos agrícolas en la cadena de suministro
de pequeña escala en la provincia de Santa Elena, Ecuador, e identifica los puntos de intervención
para su mitigación. La investigación emplea un enfoque mixto, combinando métodos
cuantitativos y cualitativos, con un diseño descriptivo explicativo no experimental. Se aplican
encuestas estructuradas y guías de entrevista a 124 pequeños productores de las parroquias
Manglaralto, Chanduy, Colonche y Santa Elena. Los resultados revelan que las pérdidas alcanzan
el 40,0% en producción, 25,0% en postcosecha, 20,0% en transporte y 15,0% en
comercialización. El maíz, sandía, pimiento, melón y pepino concentran el 79,2% de las mermas.
Los productores con infraestructura básica e intermedia reportan menores pérdidas que aquellos
con cuarto frío. El 98,2% de los productos no vendidos se destinan a alimentación animal,
autoconsumo o compostaje. El estudio propone fortalecer capacidades técnicas en producción y
postcosecha, desarrollar infraestructura básica de almacenamiento y formalizar sistemas de
valorización del excedente.

Palabras clave: mermas agrícolas, cadena de suministro, pequeños agricultores,
postcosecha

ABSTRACT

This study determines the magnitude of agricultural product losses in the small
-scale supply chain
in the province of Santa Elena, Ecuador, and identifies areas for intervention to mitigate these

losses. The research employs a mixed
-methods approach, combining quantitative and qualitative
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methods, with a non
-experimental, descriptive-explanatory design. Structured surveys and
interview guides were administered to 124 small
-scale producers in the parishes of Manglaralto,
Chanduy, Colonche, and Santa Elena. The results reveal that losses reac
h 40.0% in production,
25.0% in post
-harvest, 20.0% in transportation, and 15.0% in marketing. Corn, watermelon,
peppers, melons, and cucumbers account for 79.2% of the losses. Producers with basic and

intermediate infrastructure report lower losses than t
hose with cold storage facilities. 98.2% of
unsold products are used for animal feed, self
-consumption, or composting. The study proposes
strengthening technical capacities in production and post
-harvest, developing basic storage
infrastructure, and formal
izing systems for valuing surplus.
Keywords
: agricultural losses, supply chain, small farmers, post-harvest
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licencia Creative Commons Atribution 4.0 International.
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INTRODUCCIÓN

La seguridad alimentaria es uno de los mayores desafíos del siglo XXI. Según la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2009), esta se
alcanza cuando una comunidad dispone de alimentos suficientes, nutritivos y seguros que
permitan a las personas llevar una vida activa y saludable. En este contexto, la gestión de mermas
adquiere un papel fundamental, ya que cada alimento perdido en las distintas etapas de la cadena
de suministro reduce la disponibilidad de productos para la población.

La gestión de mermas en la cadena de suministros pasa a ser un eje transversal de bienestar
social, sostenibilidad ambiental y desarrollo económico. Según (Tim Searchinger et al., 2018)
menciona que los recursos mundiales entre los años 2018 a 2020, una tercera parte de los
alimentos se perdió o desperdicio a lo largo de la cadena de suministro, desde el proceso que se
desarrolla en el campo agrícola hasta que llega al consumidor final.

En Europa, el desperdicio alimentario alcanza cifras alarmantes, se estima que cerca del
19% de los alimentos disponibles para los consumidores termina desperdiciado, lo que en 2021
representó más de 58 millones de toneladas, equivalentes a 131 kg por persona, con un costo
aproximado de 132 mil millones de euros y la generación de 252 millones de toneladas de CO₂.
El eslabón doméstico de la cadena agroalimentaria concentra la mayor proporción de pérdidas y
desperdicios de alimentos (PDA), con más de 31 millones de toneladas anuales, un volumen casi
doble al registrado en la producción primaria y en la industria de procesamiento. El 62% de las
mermas se concentra en la fase de consumo final, en la que también se agrupa más del 70% de la
carga medioambiental generada (Eufic.org, 2024).

En Latinoamérica, el porcentaje significativo de pérdidas recae en las fases de producción,
almacenamiento y transporte, esto se debe a la mala logística, la deficiente infraestructura y la
carencia de tecnologías de conservación. Se pierde un 11.6 % de los alimentos disponibles en la
región de América Latina y el Caribe cada año, lo que equivale a más de 220 millones de
toneladas, esto afecta a los pequeños productores e impide un acceso regular de alimentos frescos
en los mercados locales. (FAO, 2019).

En el contexto de Ecuador, las cifras son preocupantes para la agricultura a pequeña escala,
que produce más del 60% de los alimentos en la canasta básica. Entre el 25% al 40% de la
postcosecha de frutas y hortalizas se pierde en las etapas de comercialización. Estas pérdidas son
causadas por un inadecuado manejo y falta de centros de acopio, poca o inadecuada transportación
y alto costo de tecnologías de conservación (Macaroff Lencina et al., 2019; Rutta, 2024). Esta
situación evidencia que, mientras en Europa el reto está en modificar patrones de consumo, en
Latinoamérica y Ecuador la prioridad recae en fortalecer la infraestructura, la logística y la
capacitación técnica de los pequeños productores para reducir mermas y garantizar la
sostenibilidad alimentaria.
Vol. 12/ Núm. 1 2026 pág. 1189
Gustavsson (2012)
llevó a cabo un estudio de “Perdida y desperdicio de alimentos en el
mundo Alcance, Causa y prevención”, en la ciudad de Roma, Italia, como campo de análisis.
El objetivo principal fue generar conciencia respecto a la magnitud de las pérdidas y el desperdicio
de alimentos a nivel global, abordo su impacto en la pobreza, el hambre, el cambio climático y el
uso ineficientes de recursos naturales. La metodología se basó en el análisis de flujos de masa
alimentaria desde la fase de producción primaria hasta el consumo final. Entre los principales
resultados se evidenció que aproximadamente un tercio de los alimentos producidos para
consumo humano equivale cerca de 1.300 millones de toneladas anuales se perdió o
desperdiciaba. En los países de altos ingresos, estas pérdidas ocurrían predominantemente en la
etapa de consumo y a lo largo de la cadena de suministro, debido al comportamiento del
consumidor, así como a deficiencias logísticas y de coordinación.

Por su parte
, Morales Plaza & Vicuña Izquierdo (2022) en su trabajo de titulación
denominado “Modelo de gestión de residuos basado en la logística inversa y 5S para dar soporte
a la producción de biomasa a partir de las mermas y pérdidas en el sector agroindustrial de frutas”,
tuvieron como objetivo principal la generación de valor agregado mediante el aprovechamiento
de biomasa, buscando reducir las mermas y optimizar la gestión de residuos. Para la mejora de la
eficiencia operativa en el procesamiento de las frutas, se aplicó el método de la 5S (Separar,
Ordenar, Limpiar, Estandarizar y Mantener). Además, se aplicó un enfoque de logística inversa
para devolver los materiales que no sirven o productos, denominados mermas o pérdidas, a la
empresa, para enfocarlos en subproductos útiles. El proceso de aportación de la información
implicó un Diagnóstico de la situación actual de la empresa y la definición de indicadores de
gestión con el objetivo de cuantificar el problema de mermas o pérdidas. Entre los proceso de
clasificación y selección, esto representó un ahorro económico aproximado de $980.
Adicionalmente, se logró disminuir los tiempos de procesamiento de planta. El estudio concluyó
que la opción más rentable fue la conversión de mermas y residuos en compost.

Flores Carvajal (2021)
en su artículo científico titulado “Gestión de la cadena de
suministros en la comercialización de productos agrícolas en Ecuador”, tuvo como propósito
analizar la gestión de la cadena de suministro en el ámbito agrícola, buscando sensibilizar sobre
la importancia de la coordinación eficiente desde la adquisición hasta la producción y distribución
de los productos. En cuanto a la metodología, fue documental con diseño bibliográfico, se utilizó
una matriz de análisis para el procesamiento de la información recopilada. Uno de los resultados
fue la estrategia clave de la integración efectiva de los clientes en el mercado, lo que aseguraba
su satisfacción mutua. Además, el otro hallazgo fue que las relaciones a largo plazo con los
proveedores incentivaban la innovación, lo que, en consecuencia, permitiría a las empresas
reducir sus costos y mejorar su competitividad en el mercado.

De igual manera,
Drouet-Candel et al. (2021) en su artículo científico sobre los sistemas de
producción agrícola en las parroquias del norte de la provincia de Santa Elena, Ecuador,
Vol. 12/ Núm. 1 2026 pág. 1190
procedieron a caracterizar los sistemas productivos de las parroquias de Manglaralto y Colonche,
tras evaluar su desarrollo agro productivo y el potencial de transición hacia un modelo
agroecológico. La metodología incluyó un diagnóstico participativo con cobertura en 213
productores, se utilizó como herramienta de procesamiento estadísticos el software SPSS. Los
resultados muestran deficiencia en el acceso a riego y bajo niveles de ingresos entre los
productores. Asimismo, una distribución de la tierra no equitativa desde la perspectiva del género,
donde el modo de ser menos del 20% de los dueños eran mujeres. Sin embargo, las consecuencias
de la disminución de alimentos se traducen en pérdidas de carácter económico para obreros y
empresas, desnutrición de modo frecuente en la población más vulnerable, entre otros. (Goodwin,
2023).

De este modo, los pequeños productores agrícolas enfrentan grandes limitaciones
económicas que reducen su capacidad de modernizar sus procesos productivos. Los bajos
ingresos dificultan la inversión en tecnologías orientadas a mejorar la eficiencia logística y la
conservación de los productos, lo que genera un círculo de ineficiencia que repercute en la pérdida
de alimentos, el incremento de costos y un mayor impacto ambiental. Esta situación evidencia la
necesidad de fortalecer la cadena de suministros mediante estrategias de apoyo técnico,
asociatividad y políticas públicas que faciliten la adopción de prácticas sostenibles.

Pero ¿A qué se debe los desperdicios de la producción? ¿Qué recursos desperdician la
mayor parte? La gran mayoría de los recursos se desperdician en la etapa postcosecha debido a
los factores logísticos como: tecnología inadecuada de la infraestructura de almacenes y
transporte, falta de refrigeración, embalaje de baja calidad, manejo de productos, el problema de
acceso a los mercados, conduciendo al deterioro, contaminación y baja calidad de los alimentos
lo que ocasiona que la mayoría de los recursos no llegue al consumidor en condiciones adecuadas.
(Pandey, 2021).

El 17 % de los alimentos se pierden en las fases posteriores a la cosecha a lo largo de la
cadena de suministro, de acuerdo con FAO, (2019). Por lo tanto, es importante priorizar la
preservación de estos alimentos. Para ello, se deben crear estrategias integrales para mejorar las
prácticas de cosecha, almacenamiento y optimizar la distribución y, en última instancia, alentar
al consumo responsable y para lograrlo es necesario implicar tecnologías y sistemas más
efectivos, mejorar la maquinaria utilizada y sensibilizar a los agricultores y trabajadores del sector
a niveles más altos de eficiencia.

En términos ambientales, la escala global del desperdicio de alimentos es sorprendente,
millones de toneladas de alimentos producidos anualmente para el consumo humano son de hecho
innecesarios. Este caso no solo afecta la escasez de alimentos, muestra un nivel insostenible de
uso de los recursos naturales, lo que se reflejado en el cambio climático, lo que representa el 8 al
10 por ciento de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en todo el mundo (UNFCCC,
2024).
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Al reducir una cantidad tan considerable de alimentos desperdiciados, se reduce la huella
de carbono en sí y también se usan menos recursos naturales, lo que contribuye no solo a evitar
la pérdida de alimentos, sino también a evitar los efectos del cambio climático. En términos
económicos, se estima que el desperdicio de alimentos le cuesta al mundo un billón de dólares
anualmente. Esta cantidad cubre todas las pérdidas en la cadena de abastecimiento de los
pequeños agricultores que a menudo sufren ingreso menores debido a la falta de rentabilidad en
la recolección del producto, y se ve reflejado en precios altos para los consumidores (REFED,
2025).

Santa Elena posee un notable potencial de crecimiento en el sector productivo; sin embargo,
enfrenta importantes desafíos relacionados con la gestión de mermas. En este contexto, el estudio
tiene como objetivo principal determinar la magnitud de las pérdidas de productos agrícolas
dentro de la cadena de suministro de pequeña escala en la provincia, con el fin de identificar los
puntos de intervención que permitan su adecuada mitigación.

Para alcanzar este propósito, se plantean los siguientes objetivos específicos:

1.
Determinar la cantidad de productos agrícolas que se pierden o desperdician en cualquier
etapa de la cadena de suministro.

2.
Describir las causas técnicas, logísticas, sociales y de otros tipos que incrementan la pérdida
de productos.

3.
Proponer medidas de intervención fundamentadas en buenas prácticas y en tecnologías
adecuadas al contexto local.

De esta manera, el aporte científico de la investigación consiste en generar evidencias
empíricas que expliquen la magnitud y las causas de las mermas, así como en proponer soluciones
adaptadas a las condiciones de los pequeños agricultores. Con ello se busca llenar un vacío teórico
y práctico en la literatura sobre cadenas agroalimentarias de pequeña escala en Ecuador,
aportando un marco de referencia para futuras investigaciones y, al mismo tiempo, una base sólida
para la toma de decisiones en ámbitos sociales, económicos y ambientales.

Marco teórico

Pérdidas o mermas

Las pérdidas postcosechas se han vuelto un desafío sustancial para los sistemas
agroalimentarios, revelando ineficiencias a través de las operaciones de la cadena de suministro.
En varios estados, los sistemas de producción son una institución vital de bienestar. Las pérdidas
postcosecha se definieron como la ocurrencia física de la reducción o la degradación del producto,
lo que incluye procesos degradantes que asimilan a la reducción del valor comercial del producto

(FAO, 2019)
.
Disponibilidad de herramientas y materiales

La disponibilidad y el acceso a herramientas constituyeron un factor determinante en la
capacidad de los agricultores para mitigar las pérdidas postcosecha. Según lo señalado por
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Kitinoja et al. (2011)
, el acceso restringido a tecnologías apropiadas incidió significativamente en
la generación de mermas dentro de las operaciones agrícolas a pequeña escala. Esta limitación
provocó una carencia de implementos adecuados para llevar a cabo procesos clave como la
clasificación, el embalaje y el almacenamiento, lo que condujo al deterioro prematuro de los
productos agrícolas y, por ende, a una reducción de su calidad comercial.

Según lo evidenciado por
Aulakh & Regmi (2019) la implementación de herramientas y
materiales idóneos contribuyó significativamente a la reducción de las pérdidas postcosecha,
estimándose una disminución entre el 15 % y el 35 % en los productos agrícolas, dependiendo del
tipo de cultivo. Esta adopción tecnológica permitió optimizar procesos críticos como la
manipulación, clasificación y conservación, mejorando así la eficiencia del sistema
agroalimentario.

Aplicación de buenas prácticas agrícolas

Las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), conocidas por su acrónimo en inglés Good
Agricultural Practices (GAP), constituyen un sistema de principios, normas y recomendaciones
técnicas orientadas a mejorar la calidad de los productos agrícolas, al tiempo que promovieron la
preservación del medio ambiente y la protección de la salud de los trabajadores. La aplicación de
estas prácticas favoreció la reducción de devoluciones a lo largo de la cadena de suministro, al
garantizar una producción más segura, sostenible y eficiente
(Good Agricultural Practices (GAP),
2024)

Hodges et al. (2011)
señalaron que la integración de prácticas adecuadas y procesos
técnicamente apropiados permitió una reducción de hasta el 40 % en las pérdidas postcosecha en
un período de corto plazo. Esta estrategia combinada optimizó la eficiencia en las operaciones
agrícolas y logísticas, disminuyendo significativamente el deterioro de los productos a lo largo de
la cadena de suministro. Sin embargo, la BPD puede reducir las mermas si las autoridades y la
propia comunidad agrícola ejecutan la aplicación de manera concertada
(Barrett et al., 2012).
Disponibilidad de infraestructura de almacenamiento

El almacenamiento de productos agrícolas es una infraestructura crítica que se requiere
para preservar la calidad postcosecha. De acuerdo con
Kumar & Kalita (2017), la falta de
instalaciones de almacenamiento represento unos de los principales cuellos de botella para los
pequeños productores en regiones en desarrollo.

La eficiencia de la oferta y la reducción de la pérdida financiera por deterioro se ve afectada
por la presión impositiva y la cantidad de bienes almacenables en instalaciones de
almacenamiento adecuadas.
Abass et al. (2014) demostraron que la preservación en vacío logró
disminuir la pérdida de granos en más del 50% según los registros a largo plazo del país.

Tiempo promedio entre cosecha y venta

El tiempo transcurrido entre la cosecha y la comercialización constituyó un factor crítico
para las pérdidas, particularmente en productos perecederos, como frutas o hortalizas. Según
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Prusky (2011)
, la tasa de deterioro de los productos agrícolas dependió directamente del tiempo
transcurrido desde la cosecha, las condiciones ambientales y las características intrínsecas del
producto.

Macheka et al. (2017)
demostraron que la reducción del tiempo de cosecha y venta permitió
disminuir las pérdidas postcosecha en más de un 30% en cultivos altamente perecederos. No
obstante, la mejora de dicho intervalo no dependió exclusivamente de las vías y el transporte, sino
que requirió una coordinación eficiente entres los actores principales de la cadena de suministro.

En sistemas de pequeña escala, las ineficiencias en la operación se manifestaron con
tiempos de espera prolongados, lo que aceleró el deterioro de los productos y disminuyó su valor
comercial. Al mismo tiempo, se evidenció una fragmentación de los mercados y la participación
de múltiples de actores en la cadena de suministro
(Food Systems for an Urbanizing World,
2017)
.
Acceso a capacitaciones en comercialización

El factor capital humano, expresado en conocimientos y capacidades técnicas, constituye
también un factor crítico en la eficiencia de las cadenas agrícolas
(Devaux et al., 2018). El acceso
a programas de capacitación en técnicas de comercialización es un mecanismo clave para la
adquisición de competencias que les permitieron a los productores insertarse en mercados más
veloces, competitivos y homogéneos: “los pequeños productores tienen que aprender a resolver
problemas complejos en sistemas menos predecibles y estables; parte de esta tarea radica en
aprender a razonar a largo plazo y en adaptarse a la información disponible”.

El estudio de
Pickson & He (2021) evidenció que los agricultores con mayor incidencia
de capacitación en gestión de mercados presentaron menores tasas de pérdidas postcosecha y
mejores resultados en cuanto a frontera eficiente. Estos productores desarrollaron capacidades
para reconocer oportunidades, relacionarse con compradores de largo plazo y adaptarse a
estándares de calidad, entre otros beneficios.

Sin embargo, la oferta de oportunidades de formación es altamente heterogénea y
presenta brechas significativas, particularmente en territorios rurales con menor presencia estatal.
Estas asimetrías naturales como generadas por políticas condicionan las capacidades de los
productores para estrategias efectivas de comercialización y reducción de pérdidas
(Minten et al.,
2014)
.
Conocimiento de mercados y precios por parte de productos

Aker (2010)
demostró que, en contexto donde los productores contaron con un mejor
acceso a información sobre los precios de oferta, la merma se redujo entre un 10% y un 25%. Por
lo tanto, se afirmó que el desarrollo de plataformas de información sobre el mercado, accesibles
para pequeños agricultores, es una de las claves para disminuir las perdidas postcosechas y
mejorar la eficiencia en los mercados de productos básicos.
Vol. 12/ Núm. 1 2026 pág. 1194
Puntos de intervención

Kitinoja et al. (2019)
, determinaron que los puntos críticos fueron considerados como
“eslabones débiles” dentro de la cadena de suministro, en los cuales la inversión de esfuerzos
presentó un alto potencial de retorno en términos de reducción de mermas. Para identificar la
vulnerabilidad de estos puntos, fue necesario realizar un análisis sistemático de cada etapa de la
cadena, considerando los factores técnico y socioeconómico que incidieron en su desempeño. En
el caso de la provincia de Santa Elena, los puntos críticos variaron en función del tipo de cultivo,
las condiciones agroecológicas y las características de la economía local
(Food waste within food
supply chains: quantification and potential for change to 2050 Philosophical Transactions of the
Royal Society B: Biological Sciences, s. f.)

Etapas de la cadena de suministros

Los patrones observados en la distribución de las pérdidas a lo largo de la cadena de
suministro agrícola evidenciaron su especificidad según el contexto nacional. Así como su
dependencia de diversos factores socioeconómicos y de infraestructura. En la economías en
desarrollo, según datos de la
FAO (2018), las pérdidas se concentraron principalmente en las
etapas de producción, postcosecha y distribución. En contraste, las economías desarrolladas, estas
se localizaron mayoritariamente en los nodos de distribución y consumo. En consecuencia, se
puso de manifiesto una brecha significativa en la identificación de oportunidades estratégicas para
la reducción efectiva de dichas pérdidas.

Las investigaciones enfocadas en cadenas de suministro de pequeña escala reportaron
porcentajes de las pérdidas de hasta un 30% en la etapa de producción, entre un 15 y 20% en
postcosecha, un 10% a 15% en transporte y entre un 5 y 10% en la fase de comercialización. Estos
datos evidenciaron la importancia de diseñar las intervenciones dirigidas específicamente a los
cuellos de botellas y a los fenómenos estructurales particulares de cada contexto productivo

(Devin & Richards, 2018)

Pérdidas en Producción

Las pérdidas durante la fase de producción se asociaron principalmente con factores
agronómicos, ambientales y de manejo del cultivo. En contextos comparables al de Santa Elena,
la FAO (2018) estimó que estas mermas oscilaron entre 10 % y 20 % del volumen potencial de
producción

Las principales causas se identificaron en:
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Figura 1

Causas de perdidas en la producción

Pérdidas en Postcosecha

La etapa de postcosecha incluye todo el trabajo desde la recolección hasta la preparación
de un producto para la venta. Para contextos comparables, las pérdidas en este eslabón pueden
oscilar entre 15-30 % del volumen de la cosecha
(Springmann et al., 2018).
Las causas más frecuentes son:

Figura 2

Causas de perdidas en la postcosecha

Pérdidas en Transporte

El transporte es el eslabón crítico que puede ser causante de las mayores pérdidas: si las
condiciones dadas son inadecuadas, la calidad lograda en el campo se puede destruir en un
instante. Por lo general, las mermas asociadas con el trabajos del transporte constituyen entre el
5 y el 15 por ciento del volumen del producto transportado (
Hodges et al., 2011).
Los principales determinantes son:
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Figura 3

Causas de perdidas en el transporte

Pérdidas en Comercialización

La fase de comercialización es el último eslabón en el que el producto se encuentra antes
de llegar al consumidor final. En esta, las pérdidas están entre el 10 % y 25 % del volumen que
ingresó en mercados (
Affognon et al., 2015). Entre las causas más frecuentes se identificaron:
Figura 4

Causas de perdidas en la comercialización
Vol. 12/ Núm. 1 2026 pág. 1197
Volumen y tipos de productos perdidos

Las características fisiológicas de los productos influyen directamente en su
vulnerabilidad al deterioro. Los alimentos con alto contenido de agua y una elevada tasa
metabólica, como las frutas y hortalizas frescas, presentan una mayor susceptibilidad a las
pérdidas postcosecha (Kader, 2002). En los países en desarrollo, estas pérdidas pueden alcanzar
entre el 40% y el 50% del volumen producido, mientras que en los granos las mermas se sitúan
entre el 15% y el 20% (Gustavsson, 2012). Estas diferencias sustentaron la necesidad de
respuestas específicas por rubro, ajustadas a requerimientos fisiológicos y a prácticas de manejo
postcosecha (enfriamiento, empaque, manipulación y almacenamiento) (
Kumar & Kalita 2017).
No obstante, en sistemas de pequeña escala y alta diversificación como algunos presentes
en la provincia de Santa Elena la gestión diferenciada por cultivo se volvió más compleja y exigió
intervenciones a nivel de sistema que abordaron las interacciones entre componentes (logística,
infraestructura, calendario de cosecha, capacidades técnicas), así como restricciones de escala y
de coordinación entre actores
(Sheahan & Barrett, 2017).
Variación de precios por perdidas

La interacción de las pérdidas postcosecha y los precios agrícolas se describen mediante
una serie de relaciones de causalidad técnica. En particular, el déficit de la oferta de productos
agrícolas en condiciones de demanda constante crea una tendencia al aumento en los precios,
mientras que la disminución de la calidad disminuye el precio por unidad de valor de los
productos. Verma et al. (2019) encontraron que las pérdidas agregan al precio final del producto
un aumento entre el 15 y el 30 por ciento, dependiendo de la elasticidad de la demanda de los
hogares de ingresos inferiores.

Delgado et al. (2017)
reportaron que los alimentos altamente perecederos y susceptibles
al daño mecánico como tomates, pimientos, berenjenas y diversas frutas concentraron la mayor
frecuencia de pérdidas.

Para los agricultores de pequeña escala, variaciones de precios son una fuente de
incertidumbre adicional a la planificación de la producción y a la estabilidad económica. Además,
su capacidad de almacenamiento es limitada y la necesidad de vender la producción
inmediatamente después de la cosecha requiere de transacciones incluso en condiciones
desfavorables, aumentando la exposición al riesgo
(Reardon et al., 2019).
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MATERIALES Y MÉTODOS

Figura 5

Comunas agrícolas de estudio de la provincia de Santa Elena

Nota: Mapa de comunas de Santa Elena hecho por proyecto de investigación AGROLOGIST UPSE

La provincia de Santa Elena en la costa de Ecuador tiene el clima árido y semiárido que,
a pesar de las restricciones de agua, sostiene la agricultura diversa y resistente. La región tiene
una rica tradición agrícola mantenida por el conocimiento y las habilidades generacionales,
especialmente por las comunas rurales que cultivan hortalizas, frutas y granos en fincas pequeñas
y medianas para el consumo y abastecimiento local y regional. Además de proporcionar los
medios de vida cruciales para muchas personas, la producción agrícola juega un papel importante
en la seguridad alimentaria.

El presente estudio se desarrolló en el contexto de las realidades diarias de los agricultores
en las comunas cuya actividad productiva era más intensiva. Específicamente, se analizaron áreas
como Manglaralto, Colonche, Chanduy y Santa Elena, donde predomina el sistema agrícola
familiar y donde el alto nivel de mermas fue detectado repetidamente por los autores, por tal
motivo es una investigación no experimental basada en la observación y el análisis de la realidad.

El diseño de la investigación fue un enfoque descriptivo explicativo, ya que, además de
la cuantificación de la magnitud de las mermas en la cadena de suministro agrícola, abarca la
cuestión relacionada con la causa o razones del desarrollo. El alcance fue local y se centró en las
etapas críticas de producción, postcosecha, transporte y comercialización. Este enfoque permitió
Vol. 12/ Núm. 1 2026 pág. 1199
una imagen clara y concreta de la evidencia de cuándo, dónde, por qué y cuánto de las pérdidas o
mermas en la cadena de suministros.

El presente estudio se realizó con un enfoque mixto. Se basa en una combinación de
métodos cuantitativos y cualitativos. Tal enfoque se eligió debido al hecho de que, permitió
mostrar el fenómeno desde diversos puntos de vista, los datos cuantitativos brindaron información
sobre el alcance exacto de las pérdidas, mientras que las opiniones y las experiencias ayudaron a
ir más allá. Por lo tanto, el uso simultáneo de estos métodos no solo ha mejorado la información
en cuestión, sino que también se ha utilizado para aumentar la validez de los argumentos.

El método utilizado fue el hipotético deductivo, donde se parte de una hipótesis de partida
respecto a los puntos críticos de pérdida para buscar evidencia empírica de confirmación o
negación. La hipótesis se refiere a supuestos teóricos acerca de las causas de los puntos críticos
de mermas, los cuales se confirman o se refutan en la realidad del terreno. De esta manera, el
proceso no solo describió lo acontecido, sino también por qué se dio y como podría mejorarse.

La población de estudio estuvo conformada por 124 pequeños agricultores de las
parroquias rurales de Manglaralto, Chanduy, Colonche y Santa Elena. Este grupo constituye la
base del sistema agrícola local, ya que su producción abastece en gran medida los mercados
regionales y representa la principal fuente de ingresos para sus familias. De acuerdo con
estimaciones del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), en la provincia operan más de
2.000 pequeños agricultores, la mayoría de ellos organizados en asociaciones o cooperativas de
carácter informal.

Para llegar al target de la investigación se empleó un muestreo no probabilístico por
conveniencia, esto ayudo a seleccionar a las personas que cumplieran con los criterios del estudio
(ejercer la actividad agrícola, vivir en las comunas del estudio). Las técnicas e instrumentos de
estudio para la recolección de datos se basaron en una encuesta estructurada y una guia de
entrevistas. Para el procesamiento y análisis estadístico de los datos se llevó a cabo mediante el
software SPSS “Statistical Package for the Social Sciences y Python.
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RESULTADOS

Figura 6

Magnitud de pérdidas por etapa de la cadena de suministros

La Figura 6 muestra la magnitud de las pérdidas agrícolas distribuidas por etapas de la
cadena de suministro. La etapa de producción registra el mayor porcentaje de pérdida con 40,0%,
seguida por la postcosecha con 25,0%. El transporte y la comercialización presentan porcentajes
menores, con 20,0% y 15,0% respectivamente. Estos datos indican que las pérdidas ocurren
principalmente en las primeras etapas de la cadena, siendo la producción el eslabón más crítico.

Figura 7

Cultivos con mayores pérdidas reportadas

La Figura 7 muestra la distribución de pérdidas agrícolas por cultivos en el caso de
pequeños agricultores de Santa Elena. El maíz posee la mayor proporción de pérdidas con un
42,5%, seguido de la sandía con un 12,3% y del pimiento con un 9,0%. Los cinco primeros
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cultivos: maíz, sandía, pimiento, melón y pepino son responsables del 79,2% de las mermas
totales, lo que los califica para ser considerado el grupo objetivo para las intervenciones. Los
cultivos de zapallo y yuca son responsables de menos del 4% de todas las mermas, además de la
marca de 20% del umbral crítico según el análisis de Pareto con el grupo de principales factores
identificados.

Figura 8

Relación entre infraestructura de almacenamiento y nivel de pérdidas postcosecha

En la Figura 8 se aprecia la relación entre el tipo de infraestructura de almacenamiento y
el nivel de pérdidas postcosecha en pequeños agricultores. Los productores que no cuentan con
una infraestructura, es decir, usan su propia casa como el medio de almacenaje, reportan
mayoritariamente pérdidas bajas, es igual a 81,8%. La utilización de la infraestructura intermedia
bodega también es relevante, el 84,6 por ciento indicaron el nivel bajo. Sin embargo, el 100 por
ciento de los productores que utilizan cuarto frío reportan pérdidas de nivel medio, lo que
claramente apunta que el refrigerador no evita completamente las mermas. En cuanto a la
actividad de vender las frutas de inmediato, es muy dispersa (15,3%), indicaron pérdidas bajas, el
44,7% pérdidas medias y el 40,0% pérdidas altas. Así, la ausencia de infraestructura influye en la
dispersión de la distribución de las pérdidas.
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Figura 9

Destino de los productos no vendidos

La Figura 9 describe un patrón de gestión sustentable del excedente de producción
agrícola en pequeños productores de Santa Elena. El 98,2% de los productos no comerciados
ingresan en usos alternativos de valor: alimentación animal 50,0%, autoconsumo 25,9%,
compostaje 22,3%, etc. Porcentualmente, el rechazo como residuo puro asciende a 1,8% del total,
mostrando una muy baja generación de desecho agrícola inorgánico. La distribución cifrada
parece indicar que los productores han desarrollado sistemas de retorno circular, es decir, que los
productos descartados alimentan otros subsistemas productivos la misma producción ganadera,
la nutrición familiar y la fertilidad de suelos, por ende, las pérdidas económicas y ambientales
asociadas a la merma comercial son muy reducidas.

Figura 10

Pérdida de ingresos estimada
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La Figura 10 muestra que 93 productores (82,3%) de ellos tienen pérdidas de ingresos
del 10%; 13 productores (11.5%) de ellos tienen pérdidas de ingresos de 10% a 25%; y solo 6
productores (5,3%) de ellos tienen pérdidas de ingresos de 26% a 50%. Así, el impacto económico
de las mermas es moderado a bajo, aunque para un grupo pequeño se debe prestar atención
inmediata.

DISCUSIÓN

Los resultados obtenidos evidencian que las pérdidas se concentran principalmente en las
etapas iniciales de la cadena de suministro: producción (40,0%) y postcosecha (25,0%), sumando
en conjunto el 65% del total de mermas. Este patrón coincide con las tendencias reportadas para
economías en desarrollo por la FAO (2018), donde las pérdidas en producción y postcosecha
alcanzan entre el 25% y 50% del volumen, contrastando con las economías desarrolladas donde
las mermas se concentran en consumo y distribución.

Sin embargo, el porcentaje de pérdidas en producción registrado en Santa Elena supera
en buena medida las estimaciones de Affognon et al. (2015) en África Subsahariana y el sistema
alcanza resultados similares a los descritos en India por Kumar & Kalita (2017), que reportan
pérdidas en campo de hasta 30%. Esta disyuntiva podría explicarse por el contexto semiárido de
Santa Elena, en el cual la variabilidad climática y las restricciones de riego crean vulnerabilidades
productivas que no son del todo discutidas en los estudios comparados.

En cuanto a la etapa de postcosecha, este porcentaje se encuentra dentro del rango
encontrado por Hodges et al. (2011) para países en desarrollo; aun así, está por debajo de los
valores extremos reportados por Gustavsson (2012) para frutas y hortalizas en América Latina.
Esto sugiere que, si bien el manejo postcosecha es uno de los aspectos en los que Santa Elena
presenta deficiencias, el grado de descomposición todavía no alcanza los niveles críticos
mostrados en otros contextos latinoamericanos, quizás debido a la diversificación de la
producción y a la relativamente pequeña longitud de los circuitos de comercialización.

Los cinco cultivos analizados mediante el análisis de Pareto presentan el 79,2% de las
pérdidas reportadas, siendo el maíz el cultivo más crítico con 42,5%. Este resultado coincide de
manera parcial con Delgado et al. (2017), quienes reportaron a el tomate, pimiento y berenjena
como los cultivos con mayores pérdidas en un contexto similar. Sin embargo, el maíz es el cultivo
base del sistema productivo de Santa Elena, diferenciándose sustancialmente de los trabajos
enfocados en hortalizas de alto valor.

La venta inmediata sin almacenamiento, que caracterizó al 40% de las mayores pérdidas,
simplemente confirma la afirmación de Reardon et al. (2019) que, en el caso de la incapacidad
del productor para almacenar Datos comerciales durante mucho tiempo, surgen productores
vulnerables que son forzados a venderlos con urgencia. Al mismo tiempo, dichas pérdidas fueron
sustancialmente inferiores a las reportadas por estos autores para esos procesos en África, el 50-
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60% de las pérdidas presentadas en las ventas inmediatas, debido a la mayor densidad de los
mercados locales en contexto ecuatoriano.

El mínimo desecho (1,8%) contrasta marcadamente con las cifras europeas, según
Eufic.org (2024) más del 60% de mermas termina como residuo, lo que evidencia que, en escala
con baja especialización productiva, los mecanismos de valorización del excedente operan de
manera más eficiente que en cadenas agroindustriales consolidadas. La eficiencia se logra, no
obstante, a costa de los niveles de seguridad alimentaria y rentabilidad para los productores.

Los hallazgos de Pickson & He (2021) sobre agricultores capacitados en gestión de
mercados quienes presentaron menores tasas de pérdidas postcosecha, sugiere que las estrategias
de mitigación en Santa Elena deben focalizarse en el grupo de alto riesgo (5,3%) mediante
intervenciones que combinen infraestructura básica, acceso a información de mercados
(siguiendo a Aker, 2010, quien demostró reducciones del 10-25% en mermas con información de
precios) y fortalecimiento de capacidades comerciales, en lugar de inversiones masivas en
tecnología de conservación avanzada que, según los resultados obtenidos, no garantizan mejores
resultados en este contexto específico.

CONCLUSIONES

La magnitud de las pérdidas de productos agrícolas en la cadena de suministro de pequeña
escala en la provincia de Santa Elena alcanza el 40,0% en la etapa de producción, el 25,0% en
postcosecha, el 20,0% en transporte y el 15,0% en comercialización, concentrándose el 65% del
total en las dos primeras etapas. Este perfil de pérdidas identifica claramente los puntos de
intervención prioritarios: la etapa de producción, como eslabón crítico que requiere atención
inmediata mediante mejoras en el manejo agronómico, control fitosanitario y adaptación a
condiciones climáticas adversas; y la etapa de postcosecha, donde la implementación de prácticas
de manejo adecuadas, clasificación, empaque y almacenamiento temporal puede generar
reducciones significativas de mermas.

Con respecto a la identificación de productos perdidos por etapa, el 79,2% del total de las
pérdidas reportadas corresponden a maíz, sandía, pimiento, melón y pepino, siendo el maíz el
cultivo crítico con el 42,5% del total. Las causas técnicas se encuentran en la cosecha, mala
clasificación y pre-enfriado; Las causas logísticas son vehículos no acondicionados, vías en mal
estado y tiempos de transporte; Mientras que las causas sociales son poca coordinación entre los
actores de la cadena, limitada disponibilidad de información de mercado, precio y necesidad de
vender de inmediato por falta de capacidad de almacenamiento, lo cual genera transacciones en
condiciones desfavorables, adicional, el tipo de infraestructura de almacenamiento define el nivel
de pérdidas, ya que aquellos con almacenamiento básico e intermedio reportan la pérdida como
baja, mientras que aquellos con cuartos fríos o refrigerados reportan la pérdida únicamente como
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media, lo que sugiere que la tecnología avanzada implica habilidades técnicas específicas que no
se distribuyen de manera uniforme en el área de estudio.

Se plantean tres líneas de intervención estratégica adaptadas al contexto de los
productores en Santa Elena. La primera se basa en el fortalecimiento de las capacidades técnicas
en las etapas de producción y postcosecha, considerando programas de capacitación en manejo
integrado de plagas, técnica de cosecha selectiva, clasificación, empaque y almacenamiento
temporal en condiciones, en particular para los cultivos críticos, de maíz, sandía y pimiento. En
segundo lugar, se plantea el desarrollo de infraestructura de almacenamiento básica e intermedia,
pues los resultados muestran un desempeño superior de instalaciones sencillas adecuadamente
administradas, asociada de plataformas de información de precios y mercados para reducir la
presión de venta y favorecer condiciones de comercialización. Y por último, se plantea formalizar
los sistemas de valorización del excedente no vendido, los cuales se gestionan actualmente
empíricamente, a la vez que se presta asistencia técnica a la integración de estos al sistema de
seguridad alimentaria familiar y la sostenibilidad económica de las unidades de producción.
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