Vol. 12/ Núm. 3 2025 pág. 3633
https://doi.org/
10.69639/arandu.v12i3.1584
El juego como herramienta pedagógica para el desarrollo
social de los infantes

Play as a pedagogical tool for the social development of young children

Emersson Alfredo Esparza Paredes

emersson.edu-fisica@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0006-7094-8448

Investigador Independiente

Ecuador Ibarra

Silvia Aracely Suárez Haro

aracelysuarez27@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0006-7379-718X

Investigador Independiente

Ecuador Ibarra

Verónica Alexandra Páez Cacuango

paezv74@yahoo.es

https://orcid.org/0009-0009-6944-1991

Investigador Independiente

Ecuador Ibarra

Rosa Elena Suárez Jácome

rsuarezjacome958@gmail.com

https://orcid.org/0009-0000-0232-9238

Investigador Independiente

Ecuador Ibarra

Artículo recibido: 18 agosto 2025 - Aceptado para publicación: 28 septiembre 2025

Conflictos de intereses: Ninguno que declarar.

RESUMEN

El presente artículo examina la relevancia del juego como herramienta pedagógica fundamental
para el desarrollo social de los infantes en la educación inicial. A través de una revisión
documental de estudios recientes y directrices curriculares, se evidencia que la integración
intencional de actividades lúdicas en el aula promueve no solo el aprendizaje activo, sino también
el fortalecimiento de habilidades sociales como la cooperación, la empatía, la comunicación
efectiva y la autorregulación emocional. Se destaca el papel mediador del docente en la
planificación y adaptación de experiencias lúdicas para atender la diversidad y fomentar la
inclusión. Asimismo, se identifican distintos tipos de juegos libres, estructurados y al aire libre
como estrategias clave que potencian el pensamiento crítico, la creatividad y el sentimiento de
pertenencia. Los resultados muestran que el juego contribuye a la resolución de conflictos, la
interiorización de normas sociales y la construcción de vínculos afectivos sólidos. Se concluye
que, a pesar de desafíos estructurales y la necesidad de mayor formación docente y recursos, el
juego representa un eje transversal para el bienestar infantil y una herramienta transformadora del
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aprendizaje socioemocional. Se recomienda fortalecer la colaboración entre familia y escuela, así
como impulsar políticas y prácticas educativas que reconozcan el juego como un derecho
fundamental y motor del desarrollo integral en la primera infancia.

Palabras clave: desarrollo infantil, educación, habilidades sociales, juego infantil

ABSTRACT

This article examines the relevance of play as a fundamental pedagogical tool for the social

development of young children in early childhood education. Through a documentary review of

recent studies and curricular guidelines, it is evident that the intent
ional integration of playful
activities in the classroom promotes not only active learning but also strengthens social skills such

as cooperation, empathy, effective communication, and emotional self
-regulation. The mediating
role of teachers in planning a
nd adapting play experiences to address diversity and foster inclusion
is highlighted. Various types of play free, structured, and outdoor are identified as key strategies

that enhance critical thinking, creativity, and a sense of belonging. The results sh
ow that play
contributes to conflict resolution, internalization of social norms, and the construction of strong

affective bonds. The article concludes that, despite structural challenges and the need for greater

teacher training and resources, play serves
as a cross-cutting axis for child well-being and a
transformative tool for socio
-emotional learning. It is recommended to strengthen family-school
collaboration and to promote educational policies and practices that recognize play as a

fundamental right a
nd a driver of comprehensive development in early childhood.
Keywords
: child development, children's play, education, social skills
Todo el contenido de la Revista Científica Internacional Arandu UTIC publicado en este sitio está disponible bajo
licencia Creative Commons Atribution 4.0 International.
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INTRODUCCIÓN

Durante la primera infancia, resulta fundamental que los niños construyan y mantengan
lazos significativos tanto con adultos como con otros niños. El entorno familiar, especialmente la
relación inicial con la madre, desempeña un papel esencial en la formación de estas conexiones
que más adelante facilitarán vínculos positivos (Calcina et al., 2020). Asimismo, la participación
temprana del infante en la Educación Inicial (Figura 1) adquiere gran importancia, ya que, a través
de la convivencia con docentes y compañeros, se fortalecen y desarrollan sus habilidades sociales,
incidiendo de forma determinante ya sea favorable o desfavorablemente en su desarrollo integral
(Estrada et al., 2020).

Figura 1

Construcción de lazos significativos con adultos y niños

Fuente: Monar-Miranda et al., 2025; Lucas López et al., 2025

Actualmente, la educación infantil enfrenta el reto de adaptarse a contextos sociales cada
vez más variados y complejos, por lo que el desarrollo integral considerando las dimensiones
cognitivas, emocionales y sociales ha cobrado máxima relevancia en las agendas educativas
internacionales (Monar-Miranda et al., 2025). En este sentido, tanto marcos normativos
internacionales como las políticas públicas modernas han subrayado la necesidad de dejar atrás
enfoques exclusivamente tradicionales, privilegiando metodologías pedagógicas atentas a la
experiencia, la inclusión y la cultura del estudiante (Lucas López et al., 2025).

El desarrollo social en la niñez se posiciona como la piedra angular en la formación de
personas capaces de convivir, regular sus emociones y resolver conflictos de manera constructiva
(Calderón Vera et al., 2025). La etapa preescolar es particularmente sensible para la adquisición
de destrezas sociales esenciales como la cooperación, la empatía, la comunicación efectiva y el
respeto por las normas las cuales no solo influyen en el bienestar y la integración escolar de los
niños, sino que también les proporcionan las herramientas para interactuar y adaptarse con éxito
a distintos entornos sociales (Vela López, 2025). Estas competencias, lejos de desarrollarse
espontáneamente, requieren de experiencias significativas en la vida cotidiana, guiadas
inicialmente por la familia y luego por las instituciones educativas (Estrada et al., 2020; Horna et
al., 2020).
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Estudios recientes, junto con las actuales propuestas curriculares, coinciden en señalar
que el juego representa la piedra angular del proceso educativo en la primera infancia. Según
investigaciones contemporáneas, el juego surge como una conducta innata y espontánea en los
niños, que se adapta y transforma a medida que avanzan en su desarrollo, permitiéndoles explorar
distintas realidades y escenarios de manera creativa y segura (Monar-Miranda et al., 2025). Esta
vivencia lúdica resulta esencial para el involucramiento pleno del niño en lo cognitivo, corporal
y afectivo al facilitar aprendizajes significativos y favorecer la experimentación, la exploración
autónoma y el sentido de pertenencia en un ambiente de confianza y respeto (Gullo, 2023).

En este contexto, el juego se convierte en una estrategia pedagógica clave para promover
el desarrollo social. Ya sea a través de juegos simbólicos, cooperativos, de reglas o libres, el juego
constituye una actividad natural y agradable, mediante la cual los niños exploran, asumen
diferentes roles, gestionan emociones y aprenden de la interacción social (Monar-Miranda et al.,
2025). Borbor (2024) enfatiza que las competencias como la empatía y la cooperación se ven
altamente favorecidas durante el juego activo y la resolución de conflictos en ambientes lúdicos.
Además, la incorporación intencionada del juego en las prácticas educativas incrementa las
oportunidades de crecimiento socioemocional y promueve la inclusión, siempre que las
intervenciones sean flexibles y estén bien orientadas (Lucas López et al., 2025). De acuerdo al
Currículo de Educación Inicial (2014), el juego se reconoce como la principal herramienta en la
enseñanza para esta etapa, ya que su carácter innato, versátil y adaptable fortalece el desarrollo
social, el aprendizaje espontáneo y la exploración segura.

Investigaciones contemporáneas (Gullo, 2023; Vela López, 2025) y análisis teóricos
destacan que un adecuado desarrollo de las habilidades sociales posibilita en los niños una
integración exitosa, fomenta su autoestima, facilita la comunicación, la cooperación, la gestión
de conflictos y la adaptación a nuevos escenarios. Tanto la familia como las instituciones
educativas comparten la responsabilidad de brindar los primeros modelos y contextos para la
socialización (Estrada et al., 2020; Calcina et al., 2020). A pesar del reconocimiento global de su
valor, aún persiste la necesidad de profundizar en investigaciones que analicen detalladamente el
impacto directo del juego sobre el desarrollo social en la infancia. Sin embargo, la literatura actual
evidencia que los niños que participan activamente en dinámicas lúdicas tienden a fortalecer su
autoestima, facilitan la resolución pacífica de conflictos, mejoran su capacidad de integración y
establecen relaciones más estables y significativas (Calderón Vera et al., 2025); (Borbor, 2024).

Por tanto, consolidar el papel central del juego en la Educación Inicial no solo optimiza
el aprendizaje académico y socioemocional, sino que también cimenta las bases para la
construcción de vínculos positivos, la comunicación efectiva y el adecuado manejo de las
emociones, elementos cruciales para el futuro bienestar e integración social de los niños (Espinoza
Valarezo et al., 2024); (Vela López, 2025). Esta investigacion tiene como propósito analizar y
sistematizar los hallazgos científicos más recientes en torno al juego como herramienta
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pedagógica para el desarrollo social infantil, identificando beneficios, desafíos y pautas para
fortalecer su integración en la práctica educativa.

METODOLOGÍA

La presente investigación tiene un enfoque de revisión documental y sistemática,
reforzado con el análisis de normativas educativas y directrices curriculares actualizadas. Este
enfoque permite examinar detalladamente teorías, evidencias empíricas y prácticas docentes en
torno al juego como recurso fundamental para el desarrollo social en la educación inicial (Vela
López, 2025; Lucas López et al., 2025). Además del acopio de fuentes académicas pertinentes, el
método empleado favorece la detección de vacíos teóricos y la proyección de nuevas líneas de
investigación en la temática. El procedimiento se basó en una revisión sistemática de literatura
científica y documentos oficiales, a fin de asegurar rigurosidad en la búsqueda, selección y
evaluación de las fuentes consultadas. Asimismo, se incorporó el análisis de propuestas
pedagógicas y de políticas públicas emitidas por organismos como el Ministerio de Educación
del Ecuador (MINEDUC), así como literatura internacional indexada publicada entre 2019 y 2024
(Monar-Miranda et al., 2025).

Para robustecer la validez y pertinencia de los datos recolectados, los criterios de
inclusión consideraron: publicaciones en revistas científicas y bases de datos reconocidas (Google
Académico, SciELO, Dialnet, Redalyc), artículos y documentos del periodo 2019-2024, y de
forma excepcional algunos textos previos relevantes por su valor conceptual o curricular, además
de revisiones del Currículo de Educación Inicial vigente (2014) y documentos emitidos por el
MINEDUC. El análisis se centró en fuentes cuyo enfoque estuviera relacionado con juego,
pedagogía, desarrollo social, innovación e interacción educativa. Aquellas fuentes sin respaldo
académico, con dificultades de acceso o deficientes en calidad metodológica fueron descartadas.

El proceso llevó a seleccionar finalmente 18 artículos científicos y 3 documentos oficiales
que cumplían los estándares de relevancia, actualidad y rigor académico (Lucas López et al.,
2025; Calderón Vera et al., 2025). La información recolectada se organizó mediante categorías
temáticas que facilitaron la sistematización de los hallazgos y la exposición de resultados,
discusión y conclusiones (Gullo, 2023).

Esta investigación estuvo basada en instrumentos y técnicas de recolección de datos:
matriz de análisis documental para registrar información esencial sobre fuentes, temas, objetivos,
metodología y conclusiones, registro específico para documentos institucionales, orientado al
examen de normas educativas, programaciones curriculares y lineamientos oficiales, guía de
extracción de datos basada en ejes temáticos fundamentales juego, pedagogía, desarrollo social,
innovación, interacción que permitió categorizar y codificar el material de forma rigurosa (Vela
López, 2025), tablas comparativas para identificar patrones, diferencias y tendencias entre los
diferentes estudios consultados.
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La investigación se apegó a los principios fundamentales de integridad académica:
únicamente se incorporaron fuentes verificadas, se respetó la fidelidad de las citas y se reconoció
directamente la autoría y procedencia institucional de todos los aportes. Además, se protegió la
confidencialidad de datos personales e instituciones analizadas, conforme a las normas éticas de
la investigación educativa (Espinoza Valarezo et al., 2024), y se garantizó la transparencia y
objetividad en la presentación de los resultados, evitando cualquier sesgo en los reportes.

DESARROLLO

A partir de la revisión documental se identificaron dos variables fundamentales: 1) el
juego como herramienta pedagógica y 2) el desarrollo social en los infantes. Este enfoque
posibilita abordar y alcanzar los objetivos de la investigación de manera estructurada.

El Juego como Herramienta Pedagógica

Diversas investigaciones recientes consolidan la idea de que el juego es una herramienta
pedagógica fundamental en la educación infantil, constituyéndose como un elemento clave para
el desarrollo integral de niños y niñas (Monar-Miranda et al., 2025; Espinoza Valarezo et al.,
2024). El juego no solo contribuye al aprendizaje desde una dimensión lúdica y estimulante, sino
que también facilita la creación de ambientes seguros, donde el proceso educativo se produce de
manera espontánea, significativa y enriquecedora.

El modelo pedagógico actual en Ecuador, alineado con las tendencias internacionales,
promueve la creación de espacios lúdicos y flexibles en el aula de educación inicial, aplicando
enfoques activos basados en la metodología de juego-trabajo, tal como lo establece el currículo
nacional (Ministerio de Educación, 2023). Esta perspectiva permite organizar el aula por áreas o
rincones temáticos (como lectura, juego simbólico o actividades grupales), fomentando la
experimentación, la resolución de problemas y la interacción social entre los niños (Sinergia
Académica, 2025). De este modo, se atienden diferentes estilos y ritmos de aprendizaje,
adaptando la enseñanza a las particularidades de cada niño, y asegurando tanto la equidad como
la inclusión educativa.

Desde una óptica interdisciplinaria, el juego destaca como un “espacio natural y universal” que
brinda a los niños la oportunidad de acceder activamente al conocimiento, experimentando y
aprendiendo en función de sus propios intereses y necesidades (Torres, 2020). Como muestran
estudios actuales, el juego estimula no solo el desarrollo de habilidades cognitivas, sino también
aspectos socioemocionales y comunicativos, integrando de manera armónica las distintas
dimensiones del crecimiento infantil (Fernández, 2025; Vela López, 2025).

A nivel nacional e internacional, se reconoce que los beneficios educativos del juego
incluyen la internalización de normas y valores, el fortalecimiento del trabajo en equipo, el
fomento de la autonomía, el impulso de la creatividad y el desarrollo de la capacidad para resolver
conflictos, consolidando el juego como un recurso privilegiado para la formación integral y la
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transición exitosa hacia la vida escolar y social (Monar-Miranda et al., 2025; Espinoza Valarezo
et al., 2024).

Beneficios del Juego

La función del juego en el contexto educativo recibe un sólido respaldo tanto de la
investigación actual como de los marcos curriculares nacionales e internacionales. De acuerdo
con Martínez (2022), el juego no solo facilita que los niños aprendan de manera didáctica, sino
que también fortalece sus habilidades cognitivas, perceptivas y sociales, y contribuye al desarrollo
y consolidación de la memoria. Especialmente, los juegos educativos se reconocen como
instrumentos que potencian diversas capacidades, promoviendo la resiliencia, la tolerancia ante
la frustración y la autorregulación emocional. Estos aspectos son fundamentales para cultivar una
actitud positiva hacia el error y entenderlo como una oportunidad para aprender.

Por su parte, el Currículo de Educación Inicial (2014) destaca que el juego propicia la
interacción entre iguales más allá del mero entretenimiento, promoviendo una integración plena
entre cuerpo, mente y espíritu. En la misma línea, investigaciones recientes amplían esta visión,
señalando que el juego convierte a los niños en actores principales de su propio aprendizaje,
proporcionándoles herramientas para convivir, colaborar y establecer vínculos sociales sólidos
(Monar-Miranda et al., 2025).

Asimismo, Espinoza Valarezo et al. (2024) subrayan que la incorporación constante de
actividades lúdicas en el ámbito escolar estimula la creatividad y fomenta la autonomía, elementos
que enriquecen tanto el rendimiento académico como la capacidad de los niños para integrarse al
grupo. Complementariamente, estudios de Fernández (2025) y Sinergia Académica (2025)
evidencian que el juego planificado desde una perspectiva pedagógica favorece la formación de
niños más empáticos, seguros y dispuestos a enfrentar los desafíos del aprendizaje y de la
interacción social con mayor adaptabilidad y flexibilidad.

Tipos de Juego

En los últimos años el interés por herramientas o estrategias de aprendizaje ha dado paso
a introducir el juego en las aulas de clase (Tabla 1), sin embargo, este tipo de método no es del
todo actual ya que ha dado pasos relevantes a través de la historia por autores destacados en la
pedagogía infantil como lo es Bruner, Piaget, Vygotsky entre otros. Estas actividades tienen un
fin y es aplicarlos en tiempos determinados y con normas libremente aceptadas por esta razón se
da referencia a:
Vol. 12/ Núm. 3 2025 pág. 3640
Tabla 1

Tipos de juegos

Juego al aire libre
La importancia de las actividades al aire libre es vital para los
niños además respeta el derecho al juego, estas actividades
incluyen en su mayoría la elección libre y espontánea, autonomía
y fortalece el desarrollo socioemocional, cognitivo y físico.

Juegos estructurados
Enfocándonos en el artículo científico de Ferrer et al. (2022)
mencionan que este tipo de juegos ayudan a los estudiantes a
comprender y seguir reglas, lo cual es indispensable en el desarrollo de
la autorregulación y disciplina además de la resolución de problemas
y trabajo en equipo.

Juegos sin normas
Los juegos de esta categoría permiten que los niños exploren su
creatividad e imaginación sin restricciones. Este tipo de juego es
fundamental para la construcción de conocimientos ya que aprenden
de forma espontánea (Sanz, 2019).

Fuente: Elaboración propia

El Rol del Docente en el Juego Educativo

En publicaciones recientes, el rol docente respecto al uso pedagógico del juego se
conceptualiza como el de orientador, mediador y facilitador del aprendizaje significativo y el
desarrollo integral del estudiantado. De acuerdo con investigaciones recientes como la de Gómez
et al. (2024), el docente organiza y adapta las actividades lúdicas y gamificadas, buscando
estimular el interés y la participación del alumnado, además de seguir sus avances y brindar
retroalimentación que favorezca la mejora continua (Figura 2). Por otra parte, la responsabilidad
del educador incluye crear ambientes inclusivos, donde todos los estudiantes puedan acceder y
beneficiarse del juego como estrategia didáctica, logrando que el proceso educativo sea innovador
y motivador.

Figura 2

El docente organiza y adapta las actividades lúdicas

Fuente: Gómez et al. (2024)
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En la literatura más reciente se destaca la importancia de que el docente desempeñe el
papel de facilitador, propiciando las condiciones necesarias para que el juego se desarrolle de
forma activa y segura en el aula. Según Arnau (2022), el docente debe identificar intereses y
necesidades del grupo, elegir juegos adecuados y promover un entorno que favorezca la
cooperación, la comunicación y el respeto entre compañeros. De la misma manera, López y Del
Moral (2022) señalan que el docente debe ajustar las dinámicas lúdicas conforme a las
particularidades del grupo, fomentando el desarrollo de valores, competencias cognitivas y
socioemocionales. Así, la planificación, ejecución y evaluación del juego recaen en el docente,
cuya actitud innovadora y formación continua resultan claves para lograr una educación
significativa e inclusiva.

Desarrollo Social en los Infantes

Es importante que en la primera infancia los niños tengan un desarrollo óptimo de sus
habilidades sociales ya que a partir de estas se establecen las relaciones que tendrá con las
personas que lo rodean. Almarez et al. (2019) mencionan que las habilidades sociales son el
conjunto de todas las conductas que el niño puede expresar mediante sentimientos, emociones,
ideas u opiniones que este demuestre frente a una situación, por lo cual es importante que desde
los primeros años de vida del infante se establezcan lasos seguros. Las interacciones que se
establecen en los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo social ya que por
medio de estas el niño crea vínculos y construye su confianza, identidad, autonomía y autoestima.
Por ello el desarrollo de las habilidades sociales permite que los niños puedan socializar con otros,
marcando cada una de sus experiencias a través de sus emociones que parten y se consolidan a
través de las acciones que realizan las personas que los rodean (Balladares, y otros, 2022).

El juego, las actividades y los ejercicios promueven en los niños una interacción positiva
con los demás a través de sus emociones y sentimientos, fomentando su compresión y tolerancia
hacia los demás (Ministerio de Educación, 2023) haciendo que este se desarrolle en un ambiente
inclusivo y afectivo, donde las habilidades como el trabajo en equipo, la conciencia social,
pensamiento ético, la empatía, las relaciones interpersonales, el manejo de conflictos, la
comunicación efectiva y asertiva, la conciencia global, cumplen un papel fundamental para el
desarrollo social de cada uno de los infantes.

El desarrollo de las habilidades sociales comprende las conductas que posibilitan una
adecuada interacción y resolución de conflictos en diversos entornos. Estas competencias inician
su formación en los primeros años de vida, especialmente a través de las primeras interacciones
con la madre y el entorno cercano, y continúan fortaleciéndose a lo largo del crecimiento, siendo
las emociones, sentimientos e ideas factores influyentes en la dinámica social del niño.

Según Calderón et al. (2020) las habilidades sociales son la forma de relacionarse con
otros a través de una interacción positiva y saludable. Los niños desarrollan estas habilidades
gracias al tiempo y experiencias que adquieren con sus padres, compañeros, docentes y otros
Vol. 12/ Núm. 3 2025 pág. 3642
adultos, que le permiten comunicarse de manera clara, mientras hablan y juegan, empleando un
tono de voz, lenguaje corporal y expresiones faciales que sean adecuados para relacionarse con
los mismos, siendo necesario el desarrollo de estas habilidades para crear relaciones positivas y
fortalecer la autoconfianza.

El desarrollo social cumple un papel fundamental desde la primera infancia ya que es
donde los niños aprenden a interactuar y relacionarse con los demás permitiéndole desarrollar
distintas capacidades que le ayuden a comprender las diferentes ideas de las personas con las que
socializa. Mendoza (2021) menciona que las habilidades sociales son aquellas experiencias que
se aprenden y se adquieren para poder mantener relaciones positivas con los demás, que se
complementan y se consolidan con el actuar diario, la formación social y personal de los niños
con cada una de las actitudes y comportamiento que lo definen.

Dimensiones del Desarrollo Social

Las acciones que el niño realiza para relacionarse son esenciales para una interacción e
inclusión social en relación con el entorno (Tabla 2), por ello Cored et al. (2021) definen a las
habilidades sociales como las que permiten a las personas relacionarse y convivir con otras de
manera espontánea, eficaz y satisfactoria a través de emociones, conductas, interacciones y
cogniciones las cuales incluyen un lenguaje verbal o no verbal, por esta razón se toma en cuenta
a:

Tabla 2

Dimensiones del Desarrollo Social

Conductas observables
Las cuales se pueden demostrar u observar al establecer una
comunicación o interacción social, estas abarcan: los gestos,
la mirada, contenido de la comunicación, expresión facial,
posición del cuerpo y la forma de relacionarse con los demás.

Componentes cognitivos
Son esenciales para el desarrollo social ya que estos permiten la
interpretación y respuesta en la intervención social, que hacen
referencia a: los pensamientos propios de cada una de las
personas, la percepción social, la memoria, la adaptación, las
acciones y reacciones.

Componentes emocionales
Son los cuales permiten al infante reconocer tanto sus
emociones como las de los demás para poder regularlas
permitiendo que establecer y facilitar las relaciones con otros
individuos.

Fuente: Elaboracion propia

Tipos de habilidades sociales

En el desarrollo social se reconoce la necesidad de las personas de relacionarse con sus
semejantes por ello es importante reconocer cada una de las habilidades sociales (Tabla 3), según
Vol. 12/ Núm. 3 2025 pág. 3643
Jaramillo y Guzmán (2019) se dividen en dos grandes grupos, por lo cual se hace referencia a las
siguientes:

Tabla 3

Tipos de habilidades sociales

Intrapersonales
Hacen referencia a la relación con uno mismo, donde se desarrolla:
el autocontrol, la autoestima y la resiliencia.

Interpersonales
Relaciones con los demás, donde se desarrolla: la empatía,
comunicación y el liderazgo.

RESULTADOS

El análisis sistemático de la literatura reciente (2020-2025) permite afirmar que la
incorporación intencional del juego como estrategia pedagógica en la educación inicial aporta
beneficios notables al desarrollo social infantil. Las investigaciones más actuales evidencian un
progreso significativo en competencias como la cooperación, la empatía, la comunicación, la
autorregulación y la asimilación de normas sociales cuando el juego -tanto en modalidad libre
como dirigida- es implementado de manera consistente en los contextos escolares (Monar-
Miranda et al., 2025; Lucas López et al., 2025). Entre los beneficios más relevantes observados
destacan:

Cooperación y trabajo en equipo: Estudios como los de Espinoza Valarezo et al. (2024)
y Calderón Vera et al. (2025) muestran que el juego cooperativo estimula la colaboración,
fomenta la resolución conjunta de tareas y fortalece el sentido de pertenencia en el grupo,
permitiendo a los niños vivenciar distintos roles e internalizar la importancia de la ayuda mutua.

Resolución de conflictos y negociación: Las experiencias lúdicas suelen dar lugar a
conflictos naturales, que requieren que los niños empleen estrategias de negociación y mediación,
respeten los turnos y busquen consensos, promoviendo así la gestión pacífica de desacuerdos y el
control emocional (Borbor, 2024).

Comunicación y empatía: La interacción durante el juego, tanto verbal como no verbal,
potencia la comunicación asertiva, la escucha activa y la empatía. Esto se traduce en niños que
reconocen y consideran las emociones ajenas, y son capaces de ajustar su conducta para brindar
apoyo a sus compañeros (Vela López, 2025).

Valoración y respeto de normas sociales: Juegos reglados y actividades guiadas brindan
oportunidades para que los niños comprendan y respeten normas, turnos y límites, facilitando así
la convivencia democrática y la autorregulación. Estos aprendizajes son transferibles a otros
ámbitos de socialización como el hogar y la comunidad escolar (Lucas López et al., 2025).

En cuanto a los factores facilitadores, destacan la disponibilidad de espacios adecuados
para el juego, una actitud docente proactiva y receptiva ante las dinámicas lúdicas, así
Vol. 12/ Núm. 3 2025 pág. 3644
como el involucramiento de las familias en actividades participativas (Monar-Miranda et
al., 2025; Gullo, 2023). Respecto a los obstáculos, se identifican carencias en la
infraestructura escolar, la sobrecarga de contenidos curriculares que limita el tiempo para
el juego, la falta de formación docente en metodologías activas y la presencia de creencias
culturales que minimizan el valor formativo del juego (Vela López, 2025; Calderón Vera
et al., 2025).

Finalmente, la literatura analizada enfatiza que el papel del docente es decisivo: su
formación, disposición para mediar y capacidad de observación influyen directamente en la
calidad de las interacciones lúdicas y en los resultados pedagógicos de las mismas (Lucas López
et al., 2025; Espinoza Valarezo et al., 2024). Un enfoque docente flexible, inclusivo y atento a la
diversidad de los estudiantes favorece procesos educativos más justos y enriquecedores. Del
mismo modo, el acompañamiento de la familia y el apoyo institucional de la escuela son vitales:
las familias que valoran y participan activamente en el juego refuerzan el crecimiento social de
sus hijos, mientras que los centros escolares que priorizan el juego en su currículo propician el
desarrollo integral de los niños (Borbor, 2024).

DISCUSIÓN

Aunque las teorías fundacionales de Piaget y Vygotsky continúan siendo el pilar de la
pedagogía lúdica, los análisis más recientes advierten una notable ausencia de investigaciones
innovadoras que exploren nuevas experiencias con el juego en la educación, especialmente dentro
de los contextos latinoamericanos (Monar-Miranda et al., 2025; Mora, 2024). No obstante, los
estudios actuales, aunque limitados en número, corroboran y enriquecen la evidencia histórica: el
juego sigue siendo un factor crucial para promover competencias como la cooperación, la
autonomía, la comunicación asertiva, la resolución pacífica de conflictos y la empatía en la
primera infancia (Espinoza Valarezo et al., 2024; Sinergia Académica, 2025).

Figura 3

Importancia del juego guiado y colaborativo en la adquisición de habilidades sociales y la
creación de un ambiente de confianza en el aula de educación inicial.

Fuente: Monar-Miranda et al. (2025), Espinoza Valarezo et al. (2024) y Sinergia Académica (2025).

La aplicación sistemática del método juego-trabajo (Figura 3) se vincula con una mayor
motivación por parte de los estudiantes, mayor flexibilidad curricular y una comprensión más
profunda de los contenidos a través de la exploración activa y significativa (Vera, 2020). Además,
investigaciones recientes subrayan la importancia del docente como mediador estratégico, capaz
Vol. 12/ Núm. 3 2025 pág. 3645
de guiar, observar y diversificar las experiencias lúdicas para personalizarlas según las
necesidades y características del alumnado (Vela López, 2025).

En el ámbito pedagógico, los resultados obtenidos sustentan la urgencia de reinstalar el
juego como componente vertebral del currículo en la educación inicial. Su inserción diaria y
contextualizada, bajo la supervisión activa del profesorado, contribuye significativamente al
desarrollo socioemocional, la autoconfianza y la autonomía del niño, potenciando no solo la
adquisición de habilidades sociales sino también la construcción activa del conocimiento (Monar-
Miranda et al., 2025). Desde una perspectiva social, los datos recientes muestran que el juego
fortalece los vínculos positivos entre pares, promueve la convivencia respetuosa y facilita
procesos de integración no solo en el entorno escolar, sino también en los espacios familiares y
comunitarios (Espinoza Valarezo et al., 2024).

Sin embargo, persisten desafíos considerables: la literatura revela la escasez de
investigaciones longitudinales capaces de evaluar el impacto sostenido del juego en diversas
realidades sociales, así como la limitada atención a la variedad sociocultural y a la realidad de
contextos rurales y urbanos. Asimismo, aún son escasos los estudios que exploran la integración
de tecnologías y formatos digitales en dinámicas lúdicas, un aspecto cada vez más relevante en la
escuela contemporánea (Mora, 2024).

El análisis de la literatura reciente confirma que el juego constituye una herramienta
pedagógica sumamente eficaz para potenciar el desarrollo social durante la primera infancia. Las
actividades lúdicas y dinámicas implementadas en el aula permiten que los niños experimenten
la cooperación, practiquen habilidades de negociación y resuelvan conflictos de forma activa y
constructiva, fortaleciendo así la interacción directa con su entorno comunitario (Monar-Miranda
et al., 2025; Calderón Vera et al., 2024). A través de procesos de ludificación, los infantes regulan
y enriquecen las normas y relaciones sociales del grupo, preparándose para participar en
estructuras sociales más amplias.

En la revisión sistemática, se destaca que el juego propicia un ambiente idóneo para el
fortalecimiento de las habilidades sociales: facilita la integración entre los niños, promueve la
colaboración y el trabajo en equipo, y estrecha los vínculos entre pares. Estas experiencias
compartidas incentivan la formación de lazos tanto con compañeros como con el entorno escolar
y familiar, sentando la base para relaciones sociales saludables y duraderas (Espinoza Valarezo
et al., 2024; Sinergia Académica, 2025). La empatía y la comunicación eficaz, fomentadas a través
de actividades lúdicas, resultan esenciales para el bienestar emocional y una convivencia
armónica. Adicionalmente, el juego no solo implica la reproducción de reglas o la simple
diversión, sino que se transforma en un espacio privilegiado para que los niños aprendan a
gestionar emociones, resolver situaciones adversas y adaptarse socialmente. La mediación
docente y la selección adecuada de actividades lúdicas potencian estos procesos, consolidando el
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juego como un factor fundamental para el desarrollo social y emocional en la educación inicial
(Vela López, 2025; Fernández, 2025).

Frente a estos vacíos, es fundamental ampliar la investigación a través de estudios
longitudinales y de intervención que consideren diversidad de contextos socioculturales y tipos
de comunidad educativa. Se recomienda evaluar el potencial de metodologías lúdicas innovadoras
que incluyan recursos tecnológicos, juegos digitales y propuestas didácticas adaptadas en el
desarrollo de habilidades sociales, así como analizar las percepciones familiares y la implicación
del entorno socioeducativo en el éxito de las estrategias lúdicas (Loor García & Moscoso Bernal,
2022; Sinergia Académica, 2025). Del mismo modo, fortalecer la formación y actualización
docente en pedagogía lúdica se presenta como un reto prioritario, especialmente para enfrentar
tanto los desafíos tradicionales como los emergentes en la era digital.

CONCLUSIONES

La totalidad de la evidencia científica reciente respalda de manera contundente el papel
central del juego como motor del desarrollo social y emocional en los primeros años de vida. La
participación frecuente del niño en experiencias lúdicas ya sean espontáneas o dirigidas facilita
la adquisición de competencias fundamentales como la cooperación, empatía, comunicación
asertiva, autoconfianza y la resolución pacífica de conflictos. Investigaciones actuales demuestran
que el juego, cuando es planificado e integrado de forma intencional en la práctica pedagógica,
actúa como un elemento transformador que favorece el aprendizaje activo y el bienestar
emocional de la infancia (Monar-Miranda et al., 2025; Calderón Vera et al., 2024; Sinergia
Académica, 2025).

El rol mediador del docente es crucial para lograr el máximo beneficio del juego en el
ámbito escolar. El profesorado no solo facilita, sino que también participa activamente y modera
las actividades lúdicas, personalizando las experiencias para atender la diversidad y asegurando
la inclusión de todos los estudiantes. Esto permite adaptar la metodología a diferentes estilos de
aprendizaje y fortalecer los lazos socioafectivos dentro del grupo (Espinoza Valarezo et al., 2024;
Vera, 2025).

Junto a la adquisición de habilidades sociales, el juego también promueve valores
ciudadanos, eleva la autoestima y estimula la creatividad, cualidades esenciales para que los niños
se adapten eficazmente y se integren con éxito en entornos socioculturales diversos. El juego, por
tanto, se erige como un espacio privilegiado donde se cultiva el aprendizaje colectivo y la
interacción respetuosa, elementos indispensables para la vida comunitaria (Juan XXIII Chana,
2025; Fernández, 2025).

Sin embargo, subsisten desafíos estructurales y culturales que obstaculizan su plena
integración: la formación insuficiente y especializada de los docentes en estrategias lúdicas, la
escasez de recursos adecuados, la persistente subvaloración del juego frente a los contenidos
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académicos tradicionales y la falta de continuidad en la implementación lúdica a lo largo de la
trayectoria escolar (Monar-Miranda et al., 2025; Guzmán, 2020).

En síntesis, el juego se consolida como una estrategia pedagógica versátil y altamente
eficaz, que contribuye al desarrollo de habilidades tanto sociales como personales. No solo
promueve la participación activa y la creación de lazos entre compañeros, sino que fortalece la
gestión emocional, la resiliencia y la autoestima, enriqueciendo así tanto los procesos de
aprendizaje como la propia socialización. La interacción lúdica entre estudiantes y docentes
genera un entorno de confianza y motivación, propicio para el desarrollo integral de los niños.

A pesar de los beneficios reconocidos, se identifica una evidente falta de estudios
longitudinales que exploren el impacto sostenido del juego en el desarrollo social infantil,
particularmente en contextos de mayor vulnerabilidad. Esta laguna pone de manifiesto la urgencia
de ampliar la investigación hacia enfoques a largo plazo, considerando la socialización infantil
como un proceso complejo e integrador. Resulta esencial promover investigaciones
interdisciplinares, que examinen la influencia de factores familiares, comunitarios y tecnológicos,
y que evalúen la efectividad de estrategias lúdicas innovadoras adaptadas a los desafíos actuales
de la educación inicial.

Recomendaciones

Práctica educativa

Es crucial impulsar tanto la formación inicial como la actualización permanente de los
docentes en el ámbito de la pedagogía lúdica. Esto implica desarrollar competencias en el diseño,
la gestión y la evaluación de actividades de juego inclusivas, significativas y adaptadas a las
diferentes realidades del aula. Fortalecer estas capacidades permite a los educadores mediar
eficazmente en experiencias lúdicas que fomenten el desarrollo social y emocional de los niños
(Calderón Vera et al., 2024; Sinergia Académica, 2025).

Se recomienda posicionar el juego como un eje transversal claro y explícito en los planes
y programas curriculares de la educación inicial. Integrar tanto actividades libres como dirigidas,
de manera equilibrada y contextualizada, garantiza que el juego atienda a la diversidad, promueva
la creatividad e impulse la inclusión. Esta estrategia debe estar respaldada por directrices
institucionales y políticas activas desde los organismos educativos (Ministerio de Educación
Nacional, Colombia, 2023; Juan XXIII Chana, 2025).

Es fundamental fortalecer la cooperación entre la escuela y la familia, informando y
concienciando a padres y cuidadores acerca de los múltiples beneficios del juego, y promoviendo
su implicación activa en actividades lúdicas dentro y fuera del entorno escolar. La vinculación
familia-escuela potencia la continuidad y el impacto positivo de las experiencias lúdicas en el
desarrollo social (Monar-Miranda et al., 2025).

Asegurar la disponibilidad de materiales didácticos diversos, seguros, accesibles y
culturalmente pertinentes favorece la exploración, la creatividad y la equidad educativa.
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Asimismo, se debe considerar la incorporación progresiva de tecnologías apropiadas para la edad
como complemento a las actividades lúdicas tradicionales (Fernández, 2025).

Política pública

Es indispensable que las políticas nacionales y locales de educación inicial reconozcan, de
manera explícita, la importancia del juego libre y normado como un derecho fundamental de la
infancia. Este reconocimiento debe reflejarse en normativas, recursos asignados y en la
evaluación de la calidad educativa (Guzmán, 2020; Ministerio de Educación Nacional, Colombia,
2023).

Se debe fomentar la inversión pública en la creación y mantenimiento de espacios lúdicos
seguros, estimulantes y accesibles en todas las regiones, prestando especial atención a localidades
con altos índices de vulnerabilidad y desigualdad. La equidad territorial en infraestructura lúdica
es clave para garantizar igualdad de oportunidades (Espinoza Valarezo et al., 2024).

Resulta prioritario impulsar agendas de investigación, innovación y evaluación continua
sobre el impacto del juego en el desarrollo infantil, incorporando variables como la diversidad, la
inclusión, el empleo de tecnologías y el rol de la familia en la construcción de entornos lúdicos
significativos (Sinergia Académica, 2025).

Se hace necesaria una campaña sostenida de sensibilización social y educativa que ponga
en valor el rol central del juego en el bienestar infantil y en los logros educativos a lo largo de la
vida. Es fundamental superar visiones reduccionistas que restringen la calidad educativa a
resultados cuantificables, fomentando una comprensión integral del desarrollo en la infancia (Juan
XXIII Chana, 2025; Fernández, 2025).
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